El papel del papel (y del diario digital)
Recorriendo el "camino inverso", esta columna ahora se publica también en el suplemento Señales.
Una excusa para insistir (otra vez) con hipótesis, teorías y prejuicios sobre el futuro de la
prensa escrita en sus dos versiones, el diario impreso y la edición digital.
3 de marzo 2010 · 17:08hs
Hay dos opciones: en este momento estás viendo esta columna en internet o usted la está leyendo
en el diario impreso (prefiero no tutear a los que pagan por el diario). Es que, a partir de ahora,
esta sección sobre tecnología que vio la luz hace algo más de dos años en la web también será
publicada en la edición impresa, más precisamente en el suplemento
Señales (sea esto aclarado para quienes la están leyendo online).
La Capital.com.ar nació en noviembre de 2000, con un título de tapa que hoy
resulta una curiosidad: "El sólido equipo de Bielsa venció a Chile". Al igual que el resto de los
periódicos, la edición digital de
La Capital nació como un
clon del diario en papel y gradualmente fue ganando vida propia, con secciones exclusivas
y materiales generados sólo para internet. Que esta columna haya hecho el camino inverso (es decir,
que haya sido pensada para la web y ahora aparezca también en el diario impreso) no es un hecho
extraordinario sino una tendencia, con la que no sé si estoy del todo de acuerdo: blogs que
terminan dando forma a guiones teatrales, músicos que saltan del MP3 o My Space a su primer
contrato con una discográfica, álbumes fotográficos digitales que se convierten en cuidadas
ediciones impresas, incluso libros basados en posteos de Taringa! o Twitter.
"Ahora sí te van a leer", bromeó un amigo, dando vueltas sobre aquello de que tiene más
prestigio la firma estampada en el papel que publicar la misma opinión en internet. Es un
prejuicio que nosotros mismos acarreamos, los que hacemos el diario desde hace varios años (trabajo
en
La Capital desde la época en que llenar una página en formato sábana implicaba
escribir diez mil caracteres) e incluso los periodistas más nuevos. A lo mejor sea el momento de
empezar a cambiar esa percepción.
Definitivamente, internet transformó la forma de pensar un diario, aunque solamente el tiempo
terminará por revelar hacia dónde se dirige exactamente el periodismo escrito. Así como celebro que
el formato impreso haya reducido su tamaño, creo que todavía queda por delante un cambio en la
forma de presentar las noticias: al día siguiente ya todos conocemos los títulos gracias a la
inmediatez de la radio, la televisión y la web, entonces habrá que ofrecer más profundidad, más
crónicas, más infografías, más opinión, más historias.
Podrán llamarme nostálgico pero a los diarios digitales les falta el olor al papel impreso, el
sonido de las páginas al pasarlas, los dedos manchados con tinta. Aunque nadie puede discutir sus
cualidades: son más dinámicos, permiten una interacción inmediata con el lector y aportan nuevos
elementos para el desarrollo de una noticia. También consiguieron romper con aquella "prohibición"
de escribir una columna en primera persona, cuando el "yo" era poco menos que mala palabra en un
material de opinión, para dejar en claro que lo que salía impreso en las páginas del diario era
"la" verdad. La web le dio un espacio a "las otras" verdades, y en definitiva el
prestigio de una firma (impresa o digital) es lo que termina por hacer la diferencia.
Difícilmente se cumpla el vaticino sobre la muerte del diario en papel, o quizás eso ocurra
cuando los nativos digitales sean los dueños del mundo. Lo cierto es que, mientras tanto, los
diarios van a cambiar. Habrá menos periodistas en las redacciones tradicionales y más en el diario
digital. Y así como "usted" no se imagina un desayuno de domingo sin las medialunas y el diario,
quizás el día de mañana "vos" empieces el día bajando
La Capital a tu dispositivo de lectura electrónico. Y quizás esta columna sólo sea
un puñado de bytes en los archivos de internet profetizando cosas que nunca se cumplieron. Por lo
pronto, permitan que madre encuentre con orgullo mi firma estampada en el papel.