"Para llegar con el anuncio de Cristo a los rincones no se puede hacer con pocos ni con personas iguales en estilo y cultura. En el mundo hay locos por todos lados y la única manera de llegar a todos es incorporarlos a todos en la Pastoral Popular. Tenemos que tener la audacia de integrar a esos locos insoportables en la parroquia, te conviene tenerlos a favor y convertirlos en misioneros. Te va a romper la cabeza, pero un misionero no tiene que ser perfecto en todo sentido. Hay gente socialmente rechazada pero que llega a un grupo social y que se siente bien al anunciar el Evangelio. Y esto es algo muy difícil si uno es muy esquemático y cerrado. Por eso el Papa pide libertad y audacia para cambiar la forma de anunciar", sostuvo ayer monseñor Víctor Fernández, el virtual teólogo del Papa Francisco, durante una extensa exposición a profesores de escuelas cristianas desarrollada en el mullido auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina de Rosario.
Víctor "Tucho" Fernández, un cordobés de 51 años nacido en Alcira Gigena, es el primer obispo argentino nombrado por el Papa y es rector de la UCA. Habla con el estilo directo y campechano de Francisco y advirtió sobre la pérdida de fieles de la Iglesia en nuestro país y en América.
En ese contexto precisó que "la Iglesia siempre contó con la fe popular del pobre, que transmite el Evangelio a sus hijos y parientes, pero ese sustrato ahora está en riesgo. Guatemala era muy católica y ahora la mayoría es evangélica y los católicos son el 40 por ciento. En Brasil los católicos son el 50 y pico por ciento porque bajó el número de bautizados y de quienes se reconocen como católicos. Y en Argentina, en el noroeste el 90 por ciento es católico, pero en otros lugares hubo un descenso dramático".
Las periferias. Francisco habla casi todo el tiempo de la periferia. "Las periferias son los que no están, pueden ser pobres, jóvenes o ricos; es el que no forma parte de nuestra comunidad. Hay que buscarlo lejos o cerca, pero no es la periferia geográfica. Si queremos realmente renovar la Iglesia y darle una nueva fuerza misionera, eso no se logra sin mística, entusiasmo y fervor. Hay agentes pastorales o sacerdotes muy bien formados que no tienen fervor y que nunca tienen tiempo para el otro. Y esta caída del fervor es el peor veneno. Como dice el Papa, «si no desarrollamos el fervor no va a haber fuerza misionera en la Iglesia»".
En este sentido, Fernández amplió el universo de esa periferia a los propios cristianos: "No sólo debemos salir a buscar a los ateos y a los no bautizados sino también a los que ya no se sienten de corazón parte de la Iglesia ni tienen el consuelo de la fe porque ellos también son los alejados en un sentido amplio".
Este nuevo mensaje que el Papa imprime a su pontificado rescata el valor de la alegría y del placer por las pequeñas cosas: "El Papa nos hace una invitación a la alegría, a disfrutar de las pequeñas cosas diarias y a reconocerlas como regalos de Dios. Así como a evitar la autorreferencialidad, a pensar sólo en objetivos personales y a caer en la inmanencia aunque hablemos de Dios, que nos hace personas tristes e incapaces de buscar la felicidad del otro".
"El Papa nos dice que debemos acompañar el crecimiento de la persona, que el confesionario no debe ser una sala de tortura y que un pequeño paso de una persona puede ser más importante que una vida sin dificultades", abundó el teólogo.
Sobre el matrimonio igualitario, que generó una gran discusión en nuestro país, Fernández recordó la indicación del Papa: "Si queremos hablar contra el matrimonio homosexual destaquemos la belleza y la armonía del matrimonio entre un hombre y una mujer para que se entienda el «no» de la Iglesia".
En cuanto a la evangelización, Fernández sostuvo que "lo que más atrae es una síntesis entre una espiritualidad profunda y el compromiso social. Si la gente ve una sola cosa, no le gusta o se desencanta. Tenemos que mostrar mística y amor por los pobres. Como decía San Pablo: «Cuando des un banquete no invites a tus amigos y vecinos ricos. Invita a los pobres, ciegos y cojos, que no tienen cómo corresponderte»".
En este punto, reveló la pregunta que les hizo un cura a un grupo de monjas que evangelizaban en una villa miseria de Buenos Aires: "¿Pero qué hacen perdiendo el tiempo en ese barrio? Vengan aquí que hay gente de mejor posición, que les va a ir mejor".
Y, como remate, respondió con unas palabras de Francisco: "Un corazón misionero se hace débil con los débiles, nunca se encierra, no renuncia a hacer el bien posible aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino".