El Papa Francisco azuzó la polémica por el celibato de los sacerdotes al afirmar que la cuestión no tiene base dogmática sino que es una regla de vida "que yo aprecio mucho", afirmó, señalando que hay "una puerta abierta" para discutir una reforma en ese sentido.
No fue la única sorpresa que dio Jorge Bergoglio el lunes a la noche durante el viaje de regreso al Vaticano luego de su gira por Medio Oriente. En medio de una rueda de prensa que se extendió en la aeronave de la compañía israelita El Al por espacio de 49 minutos se refirió también a la posibilidad de que él llegase a renunciar al papado si sus fuerzas menguaran, tal como lo hizo Joseph Ratzinger, el Papa emérito Benedicto XVI, y también resultó tajantemente enfático al insistir en su condena a los curas paidófilos.
"La Iglesia Católica tiene curas casados. Católicos griegos, católicos coptos...hay en el rito oriental", dijo el Papa, al ser consultado acerca de lo que piensa de la práctica del celibato de los sacerdotes en la Iglesia occidental.
En este sentido, consideró que "no se debate sobre un dogma, sino sobre una regla de vida que yo aprecio mucho y que es un don para la Iglesia". "Al no ser un dogma de fe, siempre está la puerta abierta", afirmó.
No obstante, Francisco aseguró que la cuestión no está en la primera línea de sus preocupaciones porque es un asunto "secundario".
El celibato eclesiástico, es decir, la renuncia al matrimonio y la promesa de castidad, es obligatorio para los sacerdotes desde el II Concilio de Letrán, en 1139, pero no lo es en las iglesias católicas de rito oriental.
El Papa dijo, en otro orden, que su antecesor, Benedicto XVI, abrió la puerta a los Papas eméritos, "algo que antes no existía", comentó. De ese modo, señaló que Ratzinger, al renunciar al papado, sentó precedente para quienes asumieran el cargo al frente de la iglesia en el futuro. "Si un Papa siente debilitar sus fuerzas, debe plantearse las mismas preguntas que Benedicto", dijo Francisco.
El idioma de Jesús. Durante la visita de Francisco a Jerusalén, el Pontífice tuvo una discusión académica con su anfitrión, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sobre el idioma que Cristo pudo haber hablado.
"Jesús estuvo aquí, en esta tierra. El hablaba hebreo", dijo el primer ministro al Papa durante una reunión pública en Jerusalén. "Arameo", interpuso el Papa. "Hablaba arameo pero conocía el hebreo", respondió Netanyahu.
La existencia de Jesús está ampliamente aceptada, aunque la veracidad histórica de los eventos de su vida todavía es tema de debate.
Tanto el Papa como el primer ministro israelí están en lo correcto, dice Sebastian Brock, profesor emérito en arameo de la Universidad de Oxford, aunque era importante para Netanyahu clarificar su declaración. El hebreo era la lengua de los eruditos y de las escrituras. Pero el idioma "cotidiano" de Jesús habría sido el arameo y es este último el que la mayoría de los estudiosos de la Biblia dicen que habló. También conocía algunas palabras en griego.