Muy lejos están los tiempos en que la consideración mundial nos situaba entre los países más prósperos, más ricos en recursos naturales y donde el coeficiente intelectual de sus habitantes sobresalía de la mayoría del mundo. El tiempo transcurrido nos ha ido cambiando en un constante sube y baja del que no supimos salir. Sin duda, los acontecimientos mundiales en las diferencias políticas han influido desfavorablemente en nuestro país, y la ausencia de cerebros que nos guiasen hacia las mejores opciones, ha sido determinante para no encontrar las sendas correctas hacia la evolución, el progreso y la renovación que se necesitaba para un óptimo desarrollo y bienestar social. Los intereses creados, las ambiciones del poder y por sobre todo las mentiras políticas se adueñaron de las mentes capaces, que se apartaron y fueron gestando falacias insólitas para modificar la historia a la medida de sus ideas “renovadoras”. La absoluta ignorancia, faltas de criterio, deseos recónditos enfermizos de venganza y caprichosos, inspiraron sus conductas y generaron errores inconcebibles sólo por la falta de asesores idóneos, sin frenos constitucionales o ignorancia supina. Los secuaces prebendarios que integran el círculo de poder mantienen sus actitudes interesadas y festejan sus desatinos, pretendiendo cambiar la realidad de sus derrotas, prolongando la agonía de su poder desgastado y contribuyendo el desastre total en que caerá seguramente nuestro país cuando las reservas se agoten. Que cese el asistencialismo y culminen los dantescos efectos de la inseguridad, la inflación incontenible, la falta de capitales y un aislamiento del mundo dentro del que deberíamos estar ocupando los primeros lugares si no siguiéramos internándonos en posiciones minoritarias totalmente opuestas a nuestra idiosincrasia y orígenes. Y por fin, nos toca observar la situación paupérrima de los jubilados como víctimas irredentas, olvidados en toda justicia retributiva, con sus fondos de reserva diezmados, padeciendo una indigna pobreza, mientras sus aportes se destinan a obras millonarias o fuera de ley y en “brillantes” inversiones políticas ajenas a su objetivo real. Esta pecaminosa estafa, sólo conduce a la muerte de los mayores, sin atenuantes como podría suponerse, y sería deseable que antes de que ello ocurra se demuestren con un gesto reivindicatorio, que todavía existe en el poder gente con sentimientos humanos agradecidos a los que trabajaron antes para colaborar en las bases de nuestros sistemas sociales. Será justo y equitativo para su brillante cierre de lo que se consigna como “década ganada”.
































