El líder de Al Qaeda ha sido eliminado y con él desapareció un peligro latente. Queda pendiente la más difícil de las misiones, como es la de terminar con otro terrorismo cuyo poder letal sobrepasa astronómicamente a Al Qaeda en millones de vidas y costos materiales. Hablo del bombardero estratégico que transporta en sus entrañas el artefacto nuclear listo para explotar. Hablo de los laboratorios que desarrollan armas químicas y virus bacteriológicos capaces de asolar la humanidad entera. Hablo de los mercaderes de la muerte que tienen a su disposición ejércitos enteros de individuos para elaborar, traficar y distribuir droga a nivel mundial. Hablo del terrorismo de los Estados que para imponer doctrinas religiosas no vacilan en hambrear y guerrear contra sus propios pueblos. Hablo del terrorismo industrial que para satisfacer objetivos de producción o pagar acciones no vacila en atacar y desolar la naturaleza que nos rodea. Ergo, existen muchas variedades contemporáneas de terrorismo lindantes con la locura pero nos vemos obligados a convivir con ellas. Tarea hercúlea será armonizar la voluntad internacional para encontrar soluciones concretas y urgentes contra estos terrorismos. Deberán dejarse de lado aplastantes intereses económicos, renunciar a nacionalismos mal interpretados, reconocer responsabilidades, destruir hostilidades, oposición e influencias. Esto será mucho más difícil y prolongado que descubrir el paradero de terroristas escondidos en cuevas.






























