Abogado, 42 años, nacido en Pujato. Profesor de Derecho Penal en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Posgraduado como especialista en Derecho Penal. Ejerció la profesión durante 16 años. Comandará un equipo de 26 defensores penales.

Abogado, 42 años, nacido en Pujato. Profesor de Derecho Penal en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Posgraduado como especialista en Derecho Penal. Ejerció la profesión durante 16 años. Comandará un equipo de 26 defensores penales.
Las personas que son acusadas de delitos en Rosario y no tienen como costearse un abogado particular hoy sólo disponen de seis defensores públicos a los que acudir. A partir del nuevo modelo de enjuiciamiento de delitos, que empieza en 12 días, habrá 26 profesionales para la misma tarea. Los comandará Gustavo Franceschetti quien, como defensor regional, tiene por misión administrar los recursos humanos y materiales de este servicio público. El principal reto del cuerpo es, a su criterio, remontar algo que hoy expone un notorio quebranto: que los detenidos tengan desde el primer momento contacto con el defensor y un buen asesoramiento.
—¿Cuáles es el principal déficit que tiene hoy el sistema de defensa pública? ¿En que puede mejorar a partir del modelo que viene?
—La defensa pública actual es raquítica estructuralmente. Los pocos recursos humanos que tiene le impiden desarrollar cualquier política de largo alcance o de eficacia en el ámbito de las defensas. Esto va más allá de las personas, de la buena voluntad o la capacidad de los integrantes actuales de la defensa pública. Tiene que ver con el escaso numero de defensores frente al gran numero de defendidos que tiene que afrontar.
—¿Cuántos defensores hay en el sistema actual?
—En la ciudad de Rosario hay seis defensores públicos y nosotros vamos a contar con una dotación inicial de 26 que al completarse los concursos van a ser más. Esta mayor cantidad de recursos nos va permitir desplegar algunas otras políticas y atender las necesidades más importantes.
—Conocimos historias de personas que llegaron a ser procesadas e incluso condenadas sin haber tenido una entrevista con un defensor.
—Por aquí pasa nuestro principal desafío. Tenemos varios pero el principal es poder garantizarle a cada persona que está acusada de un delito un buen asesoramiento con un defensor y presencia en todas las audiencias en las que el juez puede llegar a tomar una decisión respecto de la marcha del proceso.
—Hay una idea impuesta de que los abogados más idóneos se mueven en el ámbito privado cobrando honorarios altos y que a los pobres no los terminan defendiendo los mejores. ¿Cómo se puede mejorar eso?
—Le puedo asegurar que los defensores que integran actualmente el sistema público de defensa son abogados de excelente calidad y van a poder garantizar, como los abogados particulares que usted menciona, una muy buena defensa. Muchos de ellos vienen del ámbito privado. Eran abogados a los que les iban muy bien y han tomado este camino como opción, con un compromiso personal hacia las personas más desfavorecidas, así que estoy seguro de que estaremos en condiciones de dar un salto de calidad en la atención de las personas privadas de la libertad.
—Alguna vez le escuchamos decir a usted que tener un abogado designado no es lo mismo que tener una buena defensa. ¿Qué significa eso?
—Significa que hoy, en los procesos escritos, en los papeles figura que hay alguien que está defendiendo a un acusado, pero eso no significa que verdaderamente un abogado haya estado presente en el momento en que se toman las decisiones: que lo haya podido asesorar, darle un consejo, escucharlo, darle algo de contención y tener tiempo para presentar una estrategia.
—¿Cómo se puede superar esa situación?
—Uno de los métodos con los que estamos trabajando es con estándares de actuación. El defensor no va a ejercer la defensa románticamente, como mejor le parezca, sino que deberá ajustarse a una forma de hacerlo bien. Entonces estamos tratando de conformar en un patrón cuál es esa forma de hacerlo bien. Una de esas formas es estar presentes en todos los actos procesales, garantizar una primera entrevista de muy buena calidad y además poner mucho énfasis en acudir desde los primeros momentos de la detención. Es uno de los aspectos clave que nosotros queremos trabajar.
Actualmente el momento en que la persona es detenida es un espacio y un tiempo de indefensión, donde los funcionarios judiciales no llegan y los funcionarios policiales tienen libertad y autonomía de hacer lo que quieran. Es también un espacio de corrupción, donde las condiciones de detención en las comisarías indignan al más desalmado. Y es también un espacio de malos tratos y de golpes y de torturas. Uno de nuestros primeros objetivos es llegar ni bien ocurre la detención dado que es allí donde se define, muchas veces, la suerte de la persona detenida
—¿Cuales son las prioridades?
—Las de los defensores son las personas privadas de la libertad. Eso no quiere decir que no vayan a ocuparse de los otros temas. Ante las escasez de recursos hay que privilegiar el servicio a las personas privadas de la libertad. Por ejemplo vamos a tener dentro de este conjunto de defensores uno que se dedique con especificidad a recorrer las comisarías y atender las cuestiones humanitarias y jurídicas de asesoramiento que requieran.
—¿Cual es la importancia que le tiene que asignar el defensor a una persona privada de la libertad teniendo en cuenta las deficientes condiciones carcelarias y en comisarías?
—Hemos relevado esos ámbitos y los tenemos muy presentes. Es uno de los grandes desafíos. No solamente hemos pedido a la fiscalía que intervenga que nos avise de inmediato de una detención. Además nosotros estamos tendiendo redes con actores sociales, con recursos territoriales y barriales donde podamos obtener de primera mano la información de una detención para atenuar esto que pasa en la práctica: la policía detiene en un momento y muchas horas después decide blanquear la detención y poner a la persona en contacto con la fiscalía.
—¿Cuáles son las instrucciones que le va a impartir a su cuerpo de defensores en Rosario?
—En principio vamos a organizar equipos de trabajo de tres, cuatro o cinco defensores cada uno a los que se les va a ir asignado las causas en las vayamos tomando conocimiento con un sistema de compensación ante la desigualdad de trabajo. Paralelamente va a haber un sistema de turnos. Un defensor va a estar de turno durante las 24 horas para atender las urgencias y las detenciones y para asistir a las personas en la primera detención .La idea es que ese equipo de trabajo ayude en la supervisión y dé apoyo en el primer instante.



Por Lucía Inés López

Por Martín Stoianovich