El miércoles 23 de noviembre asistí a la presentación del libro de Pepe Eliaschev, en el que aborda el histórico juicio a las Juntas Militares en la década del 80, ninguneado por la afrenta pronunciada por el extinto doctor Kirchner, en su discurso el día en que ordenara quitar los cuadros de la Esma. En su notable exposición, el periodista se refirió al juicio como "el mayor hito civil de la historia reciente del país", haciendo hincapié en el coraje que supuso el enfrentar el enorme poder que ostentaban las Fuerzas Armadas de aquel entonces. Señaló además un detalle que vale la pena analizar. Recordó que Argentina sigue siendo el único país en el mundo que ha conseguido con éxito enjuiciar a sus propios dictadores. Habida cuenta de todo lo que pasó después: indultos, anulación de leyes, impunidad decretada para los grupos guerrilleros y la Triple A (brazo terrorista del gobierno de Isabelita), cabe preguntarse si la verdadera razón por la cual el resto de los países no mostraran ese coraje haya sido el evitar graves consecuencias futuras, entre las cuales seguramente figura la utilización macartista que hace del tema el régimen kirchnerista, manchando injustamente el mérito ganado por el fiscal Strassera y los ministros de la Corte por su inestimable trabajo.






























