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El estupor de un barrio al saber que entre ellos vivía un descuartizador

Los vecinos de Rubén Eduardo R., de 54 años, detenido por asesinar al comerciante Néstor José Smud y posteriormente desmembrar su cuerpo, no pueden superar el asombro.

Domingo 03 de Agosto de 2014

"No voy a hablar porque El pela acá es un vecino muy apreciado. Difícilmente alguien te hable mal de él por aquí". En Salta al 2300 nadie sale del estupor. Los vecinos de Rubén Eduardo R., el hombre de 54 años detenido por asesinar al comerciante Néstor José Smud y posteriormente desmembrar su cuerpo, no pueden superar el asombro. "El pela es una buena persona, un tipo diez puntos. Era deportista, corría maratones, andaba en bicicleta. Si te conocía se ponía a charlar con vos, pero si no era bastante parco. Era mujeriego, como somos todos. ¿Lo que hizo? Nadie lo puede entender. Pero no es una mala persona", explicó otro de los residentes de la cuadra, un hombre que habló casi al pasar sobre ese vecino que en los últimos 10 años alquiló un departamento de planta baja de la cuadra y hoy está preso acusado de un homicidio simple.

Hace una semana los restos de Néstor José Smud, de 69 años y cuyo rastro se había perdido el último 7 de julio, fueron hallados en un camino lateral a la autopista a Santa Fe, a la altura del kilómetro 6, en jurisdicción de Capitán Bermúdez. El cuerpo estaba seccionado y había sido colocado en siete bolsas plásticas. La policía lo buscaba a partir de la denuncia realizada por su familia en la comisaría 3ª y una de las hipótesis de la investigación fue que Smud había sido víctima de un secuestro extorsivo, ya que se había recibido un pedido de rescate: "Quedate tranquila. Está acá con nosotros y no hagas la denuncia. Queremos 20 mil pesos. Se tomó el taxi equivocado", escuchó la mujer de Smud al otro lado del teléfono.

Ese tramo de la investigación fue encabezado por el fiscal Guillermo Apanowicz. Tras el hallazgo del cuerpo, a la pesquisa se sumó el fiscal Florentino Malaponte de la Unidad Especializada en Homicidios.

Confesión. Rubén Eduardo R., El pela para sus vecinos de Salta 2316

(a sólo cuatro cuadras de donde vivía la víctima), fue detenido el viernes 25 de julio. Esa misma noche su departamento fue allanado y el domingo, estando alojado en la subcomisaría 27ª, intentó matarse clavándose en el tórax un trozo de metal que arrancó de la cama. Fue asistido en el hospital Alberdi y al policía que lo custodiaba le dijo: "Me quiero morir porque lo maté, lo desmembré, lo puse en bolsas de residuos y lo llevé en el auto a la autopista". A partir de esa declaración la policía pudo dar con el cuerpo de Smud.

La herida que se autoinflingió Rubén Eduardo R. motivó que su audiencia imputativa se postergara hasta el martes. Sus dichos fueron parte de las evidencias que valoró la jueza Roxana Bernardelli para dictarle la prisión preventiva sin plazos. Lo acusaron de dos delitos: portación ilegal de armas de fuego (por una pistola y un revólver que encontraron en el allanamiento a su casa) y homicidio simple. A cargo suyo está el defensor oficial Gonzalo Armas.

Normal y amable. La semblanza que realizaron una decena de vecinos de El pela fue la descripción de "un tipo normal". Un semejante. Un acercamiento que no buscó explicar qué pudo pasar en la mente de un hombre que mató y desmembró a su víctima.

Todas las personas consultadas por La Capital fueron contando que el hombre es oriundo de una ciudad del departamento General López y que tras divorciarse se radicó en Rosario. Tiene dos hijas que no residen aquí. Fue carnicero durante más de 20 años (por eso en su casa hallaron una sierra y quizás supo cómo desmembrar el cuerpo). Después, con una de sus parejas supo tener un maxiquiosco. Más tarde, en un local contiguo al departamento en el que vivía en Salta 2316, supo estar al frente de una bicicletería y posteriormente una lavandería que vendió hace cuatro años. Con ese dinero montó un gimnasio en Salta al 2100 que fue destruido en la explosión que hace un año demolió tres edificios y mató a 22 personas. Por entonces, dicen, lo había vendido.

Luego fue peón de taxi y, como el dueño de la flota la vendió, se quedó sin trabajo. Como indemnización le entregaron un Volkswagen Polo, el mismo que le incautó la policía y que habría utilizado para trasladar el cuerpo de Smud desde su departamento hasta el lugar donde fue hallado.

Solo y sin plata. Aunque una característica del ser humano sea no contar la historia completa de su vida a una sola persona, sus vecinos más cercanos indicaron que estaba sin trabajo, solo y asfixiado económicamente. Y en ese contexto de buscar empleo se habría vinculado con Smud a través de las redes sociales. "Era una persona amable, cordial, educada. Una persona como vos o como yo. Por eso estamos todos tan conmocionados. Sé que de su familia tenía contacto con sus hijas y con un hermano. Pero el resto no sabían ni dónde vivía", indicó una doña de la cuadra.

"Yo hablaba mucho con él. Era una persona que por ahí podía tener algún rasgo impulsivo. Vos le decías: «Che, ¿que buena está tu bicicleta?». Y él te respondía cortante: «Vale 17 mil pesos, pero como ésta hay un montón». Y punto", recordó una vecina. Y agregó. "Otra cosa que siempre me llamó la atención de él fue que lo ponían muy mal las injusticias. Viste cuando hablás de los políticos y las cosas que pasan a diario y que son injustas. Eso lo ponía muy mal", explicó.

"Era un tipo que te saludaba, amable y que no se metía con nadie. Muy valorado. Solidario y trabajador. Lo veías que salía a correr y le gustaban los maratones. ¿Pero que haya matado a alguien? Eso no lo puedo digerir", indicó otro residente. Claro está que el mojón que ninguno de los vecinos se atrevió a cruzar verbalmente fue lo que hizo El pela tras asesinar a Smud. Desmembrar el cuerpo, colocarlo en bolsas y sacarlo de su departamento. Ese aspecto, el más escabroso, fue el más resistido de la conversación.

El descuartizamiento posmórtem no está contemplado por el Código Penal ni representa un agravante para la calificación de homicidio. Una vez muerto, el ser humano deja de existir y por ende deja de ser sujeto de derecho. "Mirá, todo bien con El pela, pero yo no sé si mataría a un tipo y menos si lo cortaría en fetas y lo dejaría al costado del camino", sentenció otro vecino de Salta al 2300.

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