A fines de diciembre de 2012 circuló la noticia de que un grupo de investigadores de la Nasa a cargo de la Sonda de Anisotropía de Microondas Wilkinson (WMAP) dieron a conocer las conclusiones finales que arrojó el estudio de datos del artefacto recién retirado. Las mismas eran que el análisis de la información sustenta la teoría del Big Bang, según la cual el Universo nació después de una explosión cósmica y se esta expandiendo y enfriándose.
Seguramente hemos oído mencionar esta "teoría del Big Bang" como explicación del origen del universo. Lo que seguramente desconoce la mayoría es que la misma fue propuesta por un sacerdote católico belga en el año 1931: Georges Lemaître. Este sacerdote, antes de serlo, comenzó en 1913 sus estudios en el Colegio de Ingenieros de Lovaina, pero luego pasó a estudiar física y matemáticas. Tuvo que interrumpir sus estudios para servir en el ejército belga durante la primera guerra mundial; pero finalmente en 1920 pudo doctorarse. Ese mismo año ingresa en el seminario de Malinas y en sus ratos libres sigue estudiando matemáticas y ciencias. En 1923 es ordenado sacerdote. Luego recibe una beca para continuar sus investigaciones sobre astronomía en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y como fruto de las mismas propone en el año 1931 la teoría según la cual el universo se originó en la explosión de un "átomo primigenio", teoría que más adelante pasó a llamarse del Big Bang.
Su teoría fue recibida con cierta desconfianza en el mundo científico, en particular por parte de Albert Einstein. Pero en febrero de 1933 Georges Lemaître expone en detalle su teoría del Big Bang en una conferencia en California donde está presente el mismo Einstein, quien al finalizar la misma se pone en pie, aplaude, y dice que es la más maravillosa y satisfactoria explicación de la creación que había escuchado.
Poco antes de la muerte de Georges Lemaître (1966), un grupo de investigadores en New Jersey descubrió una radiación de fondo de microondas cósmicas que fue identificada como un remanente del Big Bang original, dando así mayor reconocimiento a esta teoría. Y ahora se suma este dato de los investigadores de la Nasa que citamos al inicio.
Nuestra intención al escribir esto no es la divulgación científica, sino exponer un claro ejemplo de que ciencia y fe no se contraponen, no son enemigas en permanente conflicto. Todo lo contrario, el mismo padre Lemaître decía en una entrevista concedida al periódico estadounidense The New York Times: "Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión".
Es que hoy en día todavía circula bastante la creencia de que el progreso de la ciencia terminará por hacer desaparecer la religión y la fe. Esto, además de falso, es un grave error epistemológico. Las ciencias, en sentido general del término, estudian la realidad desde el punto de vista de la materia, de lo mensurable y cuantificable. Estudian la realidad bajo una óptica particular y para ello tienen una metodología propia. Ahora bien, la opinión de la ciencia no agota la descripción de la realidad, pues mucho de la misma escapa a su mirada u objeto formal propio. Hay otras miradas sobre la realidad, no contrapuestas sino complementarias con la científica. Entre ellas, la mirada de la fe.
Veamos otros ejemplos. El italiano Carlo Rubbia, premio Nobel de física 1984, decía: "Cuando enumeramos galaxias o probamos la existencia de partículas elementales, probablemente no estamos demostrando la existencia de Dios. Pero como científico y estudioso me impresionan profundamente el orden y la belleza que encuentro en el cosmos y dentro de los fenómenos materiales. Y como observador de la naturaleza no puedo rechazar la noción de que aquí hay un orden superior de cosas. Encuentro absolutamente inaceptable la idea de que todo sea el resultado de la coincidencia o una mera diversidad estadística. Aquí existe una inteligencia superior, por encima y más allá de la existencia misma del Universo".
Por su parte Francis Collins, investigador responsable de la secuenciación del genoma humano, declaró ya hace algunos años: "Me sorprendió la elegancia del código genético humano. Me di cuenta de que había optado por una ceguera voluntaria y era víctima de la arrogancia por haber evitado tomar en serio el hecho de que Dios podría ser una posibilidad real". Después de esto, Collins ha llamado al ADN humano "el lenguaje de Dios". (Citados por M. Casado Velarde en Zenit.org del 3 de enero de 2013).
Por tanto, la fe no está en contra de la razón ni de la ciencia, al contrario, las promueve y hasta las necesita. Ya el Concilio Vaticano II decía en su Constitución Gaudium et Spes nº 36: "La investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser".
Por su parte, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos publicó en enero de 2008 un folleto titulado "Ciencia, Evolución y Creacionismo" con la intención de iluminar el fuerte debate que tiene lugar en ese país a raíz de la teoría científica de la evolución. En el mismo dice: "La ciencia y la religión tratan aspectos diferentes de la experiencia humana. Muchos científicos han escrito elocuentemente sobre cómo sus estudios científicos sobre la evolución biológica han aumentado, en vez de disminuir, su fe, y muchas personas creyentes y confesiones aceptan la evidencia científica de la evolución".
En fin, es hora de ponerse al día y superar viejos prejuicios, justificables o no por cuestiones del pasado. Lo cierto es que ciencia y fe están llamadas a un diálogo fecundo por el bien de la humanidad.
(*) Sacerdote católico, párroco de Nuestra Señora de la Guardia y profesor del Seminario Arquidiocesano.