"Si alguien dice que le enseñó algo a Leo, miente". La sentencia pertenece a Antonio Enrique Domínguez, el padre de Sebastián -actual jugador de Vélez y campeón con Newell's en 2004-, quien dirigió a Lionel Messi en el baby en Newell's, antes de que se fuera a España.
Enrique o Quique, como lo conocen en el complejo Malvinas, recuerda que en noviembre del 99, un día se acercó el papá de Lio antes de un partido y, cuando estaba detrás del alambrado en la cancha Nº 3, lo miró y le dijo: "Disfrutalo porque me lo llevo", en alusión a Lionel. El papá de Seba recuerda que sólo atinó a decir: "Mientras no sea a Central, está todo bien".
Días después, cuando Quique se vuelve a encontrar con Jorge Messi, le preguntó por qué se lo llevaba, y el padre de Lio, quien por entonces debido al problema de crecimiento que tenía su hijo debía vacunarse todos los días durante un par de años, le contó la situación.
"El tratamiento lo estamos cubriendo con la obra social de Acindar y Néstor Rozín - un reconocido empresario de la ciudad y actual representante de Maxi Urruti-, pero como me quedé sin obra social, no le puedo pagar el tratamiento", le escuchó decir Quique a un dolorido Jorge Messi.
Luego de eso, Jorge le planteó la situación a Roberto Puppo, por entonces coordinador de inferiores del club, quien le explicó que no había presupuesto para afrontar las vacunas. "Entonces me lo llevo", le dijo Jorge a Puppo, a lo que el coordinador le espetó: "Usted sabrá lo que hace".
Ese fue uno de los últimos contactos que tuvo Lionel Messi con Newell's, como futbolista, porque luego de algunos partidos en cancha grande, en el 2000, con Adrián Coria -hoy ayudante de campo de Gerardo Martino- como entrenador emigró a Barcelona, de España.
Enrique también recuerda como si fuese hoy, que el 4 de enero de 1999, cuando se estaban preparando para disputar el Mundialito en Mar del Plata, estaba haciendo entrenar al grupo con tiros al arco, pero con pierna cambiada.Y cuando le tocó a Lionel patear con derecha, la Pulga le erró la patada y se cayó al piso, con tanta mala suerte que se lastimó las muñecas. Más tarde, estudios mediante, se comprobó que Lio tenía dos fracturas en una muñeca y una en otra. "Puso cara de desesperación, pero nada de llorar. No sé, creo que nunca lo vi llorar", dice el entrenador del crack rosarino en la época del baby en Newell's.































