Escribo para contarles lo que le sucedió a nuestra familia y para que esto no vuelva a pasar. Mi hija, Maira, estaba embarazada de 40 semanas. Ella tenía una cesárea anterior y tenía fecha posible de parto entre el 22 y el 25 de febrero. El lunes 21 de ese mes fuimos a la guardia del Hospital Roque Sáenz Peña de Rosario porque tenía contracciones. Por la mañana, nos dijeron que las contracciones no eran suficientemente fuertes como para tener un parto, que tenía sólo un centímetro de dilatación y que ellos preferían hacer un parto natural ya que no importaba si tenía una cesárea anterior; que sin rotura de bolsa o sin dilatación no podían hacer nada. Volvimos otras siete veces más de día y noche durante una semana, con contracciones, sangrado, pérdida de tapón mucoso y hasta con fiebre (una leve infección urinaria, según ellos). Le dieron antibióticos y que no volviera hasta el martes 1º de marzo para hacerse un electro y unos análisis para evaluar la posible fecha de cesárea. Mi hija volvió el día 1º (ya de 41 semanas) y luego de esperar con contracciones muy fuertes durante más de una hora y media en la guardia del hospital, le dijeron de que la beba no tenía pulso, ni latidos. Ahora nos preguntamos: ¿por qué esperar hasta la semana 42? ¿Por qué, si tenia una cesárea anterior? ¿Tal vez fue por no tener obra social? Si las ocho veces que fuimos, día y noche con bolsito de futura mamá cargado de ansiedad e ilusiones, y pedimos que hicieran la cesárea por los antecedentes que tenía ¿por qué no lo hicieron? ¿Por qué nos atendió la misma doctora seis veces luciendo cansada y sin sentido de lo que es vocación? ¿Por qué nos trataron con soberbia y como a ignorantes? No sabemos estas respuestas ya que no se dignaron a responderlas. Nuestro dolor es inexpresable. Alma falleció en la panza de su mamá con 3,700 kilos y siendo totalmente normal y bellísima. Sentimos que nuestros derechos y el de Alma no fueron escuchados, tal vez por no tener dinero o por unas doctoras que tal vez no tendrían que dedicarse a traer bebés al mundo. Que esto no sea en vano. La Justicia lo dirá, aunque el dolor de su mamá y el nuestro no sean calmados.




































