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El creador y la enfermedad

Me conmueve leer sobre esos creadores (escritores, pintores, músicos) que debieron interrumpir sus trabajos porque la muerte los buscó antes de tiempo.

Domingo 01 de Septiembre de 2013

Me conmueve leer sobre esos creadores (escritores, pintores, músicos) que debieron interrumpir sus trabajos porque la muerte los buscó antes de tiempo. Es cierto que algunos sabían que estaban enfermos, pero no abandonaban lo que estaban haciendo. Tal vez el caso de Proust es el más conocido. Peleó contra el asma que lo persiguió toda su vida, y no exageramos si pensamos que sus últimas páginas fueron algo así como un duelo entre el escribir y la agonía. También hubo escritores fueron víctimas de la maldad de los otros, como García Lorca fusilado por el fascismo, o todos aquellos creadores que murieron en manos de nazismo. Incluso aquellos que fueron sobrevivientes de los campos de concentración y terminaron suicidándose cuando ya eran mayores. En nuestro país un caso que desnuda la vileza de los que detentaban el poder es el de Rodolfo Walsh.

Hay formas de matarse por decisión propia, ante las murallas que la sociedad le ponía para rodearlos de silencio. En la lectura de algunos como Balzac, Flaubert o Stendhal, sobre todo de sus cartas, se pone en evidencia que ellos pensaron en los aleteos de una muerte no demasiado lejana. Estremece la lectura de los diarios de Alejandra Pizarnik, que terminó suicidándose cuando era muy joven. Pero no todo suicidio es parte de una enfermedad. Cuando Hemingway decide matarse de un escopetazo, fue porque todo aquello que le daba el particular sabor a su vida. Incluso él, ganador del premio Nobel, pensaba que ya no podía escribir una línea más.

Bajando de todas esas alturas que hemos mencionados, descendamos a algo de menor o acaso de ninguna importancia. El que escribe estas líneas tiene 78 años, cincuenta de los cuales los dedicó y los sigue dedicando al periodismo. Y uno de los placeres que experimenta es que gracias a este diario donde trabajé hasta ser jefe de Redacción, tiene la amabilidad de haberle ofrecido una columna que debe escribir para todos los domingos. Cuando quise comenzar a escribir, uno de esos comunes ataques de asma, aumentado mientras comía un asado en la casa de uno de mis hijos, más los dolores de un esqueleto venido a menos, de los pies a la cabeza, no podía levantarme de la cama. Pero no se preocupen los amigos que aún me quieren: no tomaría nunca el camino del suicidio, pues amo demasiado la vida, y si la muerte pasa por acá con la intención de llevarme le pediré una postergación, creo que la venceré al quinto o séptimo vaso de Old Parr, pues me han dicho que la muerte ama la vida, le gusta el whisky y las mujeres, y es buena lectora de Borges.

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