El pasado lunes viajé desde San Nicolás a Retiro en Empresa Argentina por una cuestión médica. El micro debería haber llegado al parador a las 6,35, pero arribó más de media hora tarde. Luego de esperar otros 15 minutos se puso en marcha hacia el destino. Transcurrida una hora se descompuso en la ruta, por lo que tras una nueva demora debimos trasbordar equipajes, en mano, como refugiados, a una unidad de Chevallier, donde nos acomodamos como pudimos ante la mirada hostil de los pasajeros originales. Cuando llegamos a Retiro me dirigí a la ventanilla de Empresa Argentina para exigirle la devolución del importe o, en su defecto, el pasaje de regreso sin cargo, a lo que un amable y sorprendido empleado de nombre Hugo (no dio más datos) me respondió que hasta dos horas es la tolerancia admisible para arribar a un destino y que por lo tanto no había nada que reclamar. Al manifestarle que habíamos llegado en un micro de otra empresa (Chevallier), me confesó que en realidad son la misma empresa, por lo que consideraba que la compañía había cumplido su compromiso de traslado, y que si tenía alguna queja debía llenar un formulario, que esgrimía haciendo viento. Recuerdo que a esta altura estaba retrasado una hora y 45 minutos, aproximadamente, circunstancia que no permite confeccionar inspirados y sospechosos "reclamos", a los que por otra parte nadie les prestará atención. Me dirijo entonces a la oficina de la CNRT, en Retiro, pensando en el escarmiento ejemplar que esta comisión impondría a la empresa incumplidora. Le comento lo sucedido a una empleada desganada y me dice que previo a efectuar un reclamo debía traer el "otro" formulario que había rechazado por falta de tiempo en Empresa Argentina. Creo que cuando las empresas comienzan a tratar al cliente como mero objeto recaudatorio, en vez de hacerlos sus fieles aliados, comienzan su declinación. Sus directivos actuales, normalmente hijos o nietos de los fundadores, basan sus decisiones en estadísticas convenientes (para ellos) y no del todo objetivas. Lo único que deseo es que en algún punto de esa estadística figure que ya perdieron un cliente.
































