Quiero adscribir a los conceptos de la carta de Carlos Solero, del pasado 7 de diciembre, titulada "La quimera del consumo", ya que soy una de esos trabajadores que el año pasado estuvo hasta la madrugada en el famoso "happy hours". Y realmente ver como la gente se desespera por los descuentos, como si lo que compraran fuese indispensable para vivir, es muy triste. Llegamos a la noche de Navidad sin fuerzas ni siquiera para levantar la copa, gracias al horario que el shopping nos obliga a obedecer. Tenemos que entender que Navidad es una fecha para recordar el nacimiento de Jesús, estar en familia y los regalos y presentes son algo secundario que nos impone este mundo consumista. Todo está al revés, primero se mira qué tenés y luego qué sos. ¿Cómo no vamos a estar como estamos si nuestras prioridades se encuentran totalmente tergiversadas? No olvidemos que el que nos creó aconsejó: "Busquen primero la forma de vida de Dios y las demás cosas vendrán por añadidura" o dicho en forma popular, la sociedad de consumo nos enseña a atar el caballo detrás del carro.




































