Hace unos días a la madrugada Sebastián, mi hijo de 17 años, fue víctima otra vez del maltrato físico que ejercen los patovicas. Estoy harta de estos seres despreciables que vestidos de traje y corbata ejercen su poder de ser simples bestias entrenadas para golpear y hacer daño a nuestros hijos. Denunciémoslos y hagamos que rueden sus cabezas. Esto no puede volver a pasar. Que nuestros hijos sepan que cuando son agredidos físicamente primero tienen que ir a la guardia de cualquier sanatorio u hospital para aquellos que no tengan obra social, y que de allí deben retirarse con la orden del médico o médica que los atendió así poder ir a la comisaría más cerca de donde esté el boliche y hacer la correspondiente denuncia. Estos patovicas no pueden pegar así sin ninguna razón. Y esto tiene que saberse. Hoy fue mi hijo, mañana puede ser el tuyo. Hagamos valer nuestros derechos.





























