Decía un conductor de televisión: "Si no te cuidas vos, no te cuida nadie". Y lo comprobé una vez más el pasado domingo, recién comenzado el día, cuando al regresar (1 AM) a mi domicilio vi cómo visitantes inesperados se llevaban lo importante y significativo de una familia. El sentimiento de violencia ejercida por esas personas sólo puede ser comprendido por quienes pasaron tal situación. Pero además, allí comienza otra odisea: porque los teléfonos de comando y seccional no son levantados y los agentes llegan sólo porque un familiar dispuesto salió a buscarlos en auto por los bares de calle San Martín. Y luego hacer la denuncia en vano, porque los que te deben proteger sólo llenan planillas y reconocen que no pueden hacer nada. Mientras tanto, la "policía científica" que llega un día y medio después a llenar más planillas. Se suma a ello los gastos inútiles en reforzar lo que rompen con los delincuentes con total impunidad. Para rescatar, los vecinos solidarios. Con ellos acordamos hacer vigilancia entre todos y cuidarnos intercambiando teléfonos celulares. Sólo eso nos queda y pedirle a Dios que nos ampare. Nada más y nada menos. ¿Y el Estado? Otra vez ausente.




























