El altruista da sus propios bienes a quienes tienen necesidades, sin esperar retorno. El político populista, sin escrúpulos morales, da mezquinamente, como si fueran propios, los bienes públicos de todos, sin omitir sustraer pródigamente para su propio patrimonio. Con esa concepción ideológica, “nuestros supremos hacedores del “modelo”, “Él y Ella” –con capacidad para producir milagros, como la aparición de peces en el putrefacto Riachuelo, o construir trenes bala tan veloces que el ojo humano no puede verlos– presumen que pueden disponer de nuestra voluntad; nuestras propiedades; bienestar; pobreza o indigencia; qué debemos leer, ver, oír o comer; qué forma de Justicia nos conviene; qué leyes deben sancionarse o aplicar; llegando hasta pretender decidir sobre nuestra capacidad de pensar y ser libres. Consideran que los derechos no los otorgan las leyes, sino que son dispensas del “supremo hacedor”. El aumento a los jubilados anunciado, aun sin respetar la veda electoral, es una muestra de ello. Es la dispensa de “Ella”, que espera se le reconozca con el voto.




























