Si bien hay países teocráticos donde el dogma es la ley, no significa que una religión en particular deba ser estigmatizada. No soy musulmán, creo en Jesús y a raíz de ello en la piedad y la misericordia. Considero en cambio que ningún sacerdote, con barba o sin barba, me vaya a salvar o condenar. El ataque a la revista Charlie Herbo fue un acto de barbarie y criminalidad, pero no el único ni el peor. Bastaría recordar lo acontecido en la Argentina en la última etapa del gobierno de Perón (1955), donde hubo un enfrentamiento entre la Iglesia Catolica y el gobierno. Se dieron algunos acontecimientos que fueron creciendo. En la escuela pública se daba una materia: Religión Católica, que era obligatoria, y se debía aprobar para pasar de grado. Yo tenía tres compañeritos que eran judios, mi maestra, la señorita Rosa Jurado, de la que guardo un gran recuerdo, hacía salir a esos chicos del grado y por supuesto los aprobaba a fin de año. El gobierno, al separar la Iglesia del Estado, eliminó la materia. Eso produjo roces. Luego el voto femenino trajo más asperezas y la ley de divorcio, que creo no llegó a aplicarse, agregó mucha más intolerancia. Había curas que durante la misa criticaban al gobierno desde el púlpito (caso Arenz, Iglesia Pepetuo Socorro). La intolerancia de uno y otro lado fue creciendo y haciéndose significativa. Hubo marchas con pancartas que decían "Cristo sí, Perón no". También hubo contramarchas y hasta la quema de iglesias. No estoy hablando de política, estoy hablando de historia. Y quiero señalar un hecho culminante y terrible, el 16 de junio de 1955, con aviones de la Armada Argentina, sublevada, bombardeando en horas del mediodía la Plaza de Mayo intentando matar al presidente de la Nación (que ya no estaba en Casa de Gobierno), ametrallando edificios públicos. Era un caos mayúsculo, y se habló de cientos de muertos y de miles de heridos, cuya cantidad nunca se pudo precisar. Murieron además muhísimos niños que iban o venían de la escuela. Los ómnibus incendiados y los muertos diseminados en el centro de Buenos Aires. Los aviones tenían la inscripción en sus costados que decían "Cristo vence". La mezcla de intolerancia, salvajismo, con ingredientes religiosos, políticos, locura y desenfreno culminan siempre en atrocidades en la que poco tienen que ver Mahoma, o Cristo, sino el hombre que con su irracionalidad cree que los demás deben vivir de acuerdo a pautas que un sector establece como inapelables. El tiempo y la reconciliación permitieron cerrar heridas. Pero hoy vemos cómo en Francia la intolerancia y el fanatismo de algunos termina perjudiando a toda una sociedad quebrando la convivencia. Nadie está exento, y todas las religiones a los largo de la historia llenaron páginas de hechos execrables. La conclusión es aprender a convivir en paz y respetar las diferencias.
































