En la vida pueden ocurrir circunstancias que nos llenan de angustia. Cuando eso ocurre, es cuando aprendemos que hay médicos que agigantan la estatura moral y científica de la medicina. Es por ello que escribo estas líneas. Quiero agradecer públicamente el compromiso humano y profesional de los doctores Edgardo Scarafía, Gustavo Welter, Carlos Alasino y Santiago Milano. El mismo agradecimiento quiero hacerlo extensivo a cada uno de los demás profesionales, técnicos, enfermeros, empleados administrativos, mucamas del sanatorio Los Arroyos, del Hospital Italiano y demás efectores de salud, a los que debió concurrir mi esposo para que hoy su perspectiva de vida, sea una esperanza real. Sería injusta si no agradeciera igualmente a la Obra Social de la Universidad Nacional de Rosario, que estuvo siempre presente, y más aún, en el momento más necesario haciéndose cargo de todos y cada uno de los gastos que demandó su tratamiento, y a su personal, que respondió siempre a nuestros requerimientos. Sólo puedo repetir, infinitas gracias a todos.




































