Vamos a comenzar por razones prácticas con el mundo después que fueron creados Adán y Eva. Podríamos asegurar que Adán no invitó nunca a Eva a comer un grasiento sándwich en McDonalds. Un interrogante; ¿Qué le dijo Eva a Adán después de la primera noche de amor? No lo sabemos pero sí que esa frase fue dicha antes que se cometería el famoso pecado original, que era mucho más que una manzana y mucho más sabroso también. Por otra parte, habría que preguntarse también si fueron fieles una a otro. Al principio creo que no tenían más remedio pero después las cosas fueron cambiando.
Ahora bien, lo que me gustaría realmente saber es si en algún momento Adán quiso tomar una fotografía de Eva, si estaba enamorado y si quería dar testimonio de la mujer que amaba. Por cierto, el hombre todavía no había inventado la cámara fotográfica, creo que tampoco los espejos y lo que hacían era mirarse en uno al otro con un gran cariño.
El castigo al pecado siempre me pareció un poco excesivo. Es evidente que Dios estaba muy enojado, muy pero muy enojado. Por eso el castigo fue tan fuerte, por lo menos la versión que tenemos de ese castigo.
Dejando de lado esa fotografía que nos gustaría tener, a lo largo de la historia hay muchas otras que nunca fueron tomadas y que también formarían una colección de fotos que el hombre nunca pudo tomar.
Veamos, la cara de asombro, de miedo, de alegría, de que algo milagroso había ocurrido, debe haberse encontrado presente en la mirada de aquellos que vieron el fuego por primera vez. Fue a partir de allí, que el ser humano, comenzó su distinción entre lo crudo y lo cocido. Todo esto ha sido estudiado, han sido barajadas muchas hipótesis, si son ciertas o no, nos tiene sin cuidado.
Por ejemplo, que pasó cuando el hombre se dio cuenta que debía cruzar un río, demasiado profundo para atravesarlo caminando. Parece que en el grupo había un chico muy genial, que de inmediato, y sin pensarlo demasiado, inventó los transatlánticos. El barco era cómodo, por lo tanto los pasajeros estaban en confortables compartimentos.
Como estaban lejos de los lugares donde había guerra, habría que preguntarse si en esos compartimentos se hacía el amor con minúscula o con mayúscula.
Hasta ahora hemos tocado lo idílico de la historia que queremos contar. Y de acuerdo a quien la cuente, entre esas cosas el vil asesinato de Caín, cuya versión por Saramago no hay que dejar de leer; la destrucción de Sodoma y Gomorra, que impresiona como si en esas ciudades se hubieran inventado nuevas formas de lo que llamamos pecado. En lo personal creemos que lo de Sodoma y Gomorra eran apenas un comienzo de algo que ahora se está abriendo camino. Pero no creemos que el Tata Dios de hoy se enoje tanto y destruya ciudades tan lindas como Praga, Rosario o Dublín.
El ser creado por el Señor se siguió portando como la mona, por lo cual cuando los hombres unidos en un mismo idioma deciden construir la torre de Babel, Dios se opone y la torre quedo sin terminar. Y Dios uso un método simple pero feroz al mismo tiempo. Los distintos grupos humanos dejaron de entenderse. Es cierto que todavía no se entienden, ni creo que se entiendan. Y se proyectan en esos monstruos espaciales que Dios no hubiera creado nunca, porque sería algo de mal gusto.
Hasta ese momento, las cosas no iban tan lejos. Polifemo no era para tanto, las sirenas tampoco, la ballena que se comió a Jonás era más chica que Moby Dick y los dinosaurios simplemente buscaban alimento y sin embargo no lograron exterminar ni a las pulgas ni a las cucarachas.
Dejemos para el Diluvio un párrafo aparte ¿Cómo hacían para vivir en esa arca donde estaban todos apretujados? ¿Qué conducta llevarían llevados por las pasiones humanas que les habían quedado adentro? Como bien saben las eruditas, el Diluvio duro 40 días y 40 noches, después lograron pisar tierra firme y observar el primer arco iris del cual nos hubiera gustado tener una foto.
Vamos a prescindir de esa costumbre malsana de los hombres que viven en guerra. El término paz no existe para ellos, salvo para algunas contadas excepciones. Pero hay tantos hechos más que creemos tener espacio para este cuento de hadas.
Como el misterioso caso de los mentados —en algún libro apócrifo— diálogos que las pulgas tenían con los dinosaurios. Los dinosaurios no las comían y las pulgas le decían en tono pacífico que no tuvieran tanta certidumbre de su tamaño porque tarde o temprano iban a desaparecer. Y así fue. Y todavía no se sabe cómo.
Lo cierto es que de los dinosaurios solamente quedan vagos recuerdos en algunas aves, que creo que tienen que ver con ellos, con las cuales tienen un lejano parentesco.
Se supone que las pulgas hablaban un dialecto del idioma de los pigmeos, mientras que el idioma de los dinosaurios se parecía en mucho al de los mamuts, de quienes los vikingos con sus gorros con cuernos se burlaban de ellos en groenlandés.
En todas estas confusas líneas hemos mezclado temas de la historia del hombre. Por lo cual no existe para este texto cronología alguna.
Tenemos los casos del hombre de las nieves, del hombre lobo, del hombre invisible, de la reina Pasífae que enamorada de un toro, tuvo relaciones con el mismo y de ese vínculo nació el Minotauro, que dicho sea de paso, es un animalito que nos resulta particularmente simpático y que con seguridad estaba enamorado de Adriana; pero ésta se equivocó y lo eligió a Teseo, quien la maltrató de mil maneras.
Erich Kahler se preguntaba si existe una distinción clara entre el hombre y el animal. ¿Tiene el hombre alguna característica en especial? Si hay alguna que haga humano al hombre, esta no nació súbitamente sino al igual de todo lo que tiene relación con la materia viva en el curso de un largo desarrollo.
Más adelante, el mismo autor expone que el hombre aparte de desarrollarse biológicamente produce un cambio notable desde el hombre de Neardlental hasta Dante o Shakespeare.
Ahora bien, estamos en un mundo superpoblado. Todos esos seres hablan en siete mil idiomas; por cierto que no se entienden y tampoco se entenderían si se comprendieran. Por eso, no hay que ser muy optimista y pensar en una torre de Babel aun cuando hayamos llegado a la Luna.