Primero hay que elegir correctamente los elementos de trabajo y ordenarlos en el carro. A la habitación se puede ingresar recién después de golpear dos veces y no obtener respuesta. Luego hay que ventilar, apagar luces y aparatos, retirar vajillas, residuos y sábanas y toallas, limpiar el baño y la habitación, reponer insumos, aspirar, aromatizar y chequear. Todo en estricto orden, con una sonrisa y en no más de 30 minutos si se aspira a superar la prueba. A grandes rasgos, de eso se trató el torneo nacional de mucamas que, por primera vez, se desarrolló en la ciudad. La competencia, organizada por la Asociación Hotelero Gastronómica de Rosario (Aehgar) y la federación nacional (Fehgra), tendrá su gran final en Buenos Aires, de la cual participarán unas 60 trabajadoras de todo el país.
El jueves pasado, doce mucamas del Ros Tower, Savoy, Urquiza, De la Cité, Rosario, Presidente, Libertador y República; además de Los Silos y Bertania, de la capital provincial, participaron del certamen que se desarrolló en los hoteles Riviera y Presidente. Llegaron puntuales, son sus uniformes de trabajo impecables y el cabello estrictamente recogido.
"El concurso tiene un doble objetivo: promover la capacitación, atento a las nuevas exigencias de los huéspedes, y reconocer el valor del trabajo que las mucamas realizan a diario", explica María Ofelia Polito, gerenta de la asociación de hoteles y restaurante.
Un jurado de profesionales de Fehgra se encargó de evaluar las destrezas para realizar numerosas tareas con nombres extranjeros: check out (limpieza y preparación de una habitación), turn down (servicio de apertura) o mise en place (elección de los elementos de aseo y preparación del carro); además de la presencia y arreglo personal, las técnicas aplicadas y el tiempo empleado, con un tope de 30 minutos para preparar enseres, arreglar una pieza matrimonial y habilitar su apertura.
No parecía sencillo, sin embargo mientras esperaban el inicio de la competencia las mujeres sonreían. "Trabajamos mucho y bien todos los días. Acá sólo vamos a estar más observadas", considera Mariela Muñoz. Con 33 años, es mucama del Ros Tower desde hace seis y, como varias de sus colegas, si bien trabaja desde mucho tiempo antes es la primera vez que tiene un empleo en blanco.
Alta demanda. El rápido crecimiento de las plazas hoteleras registrado en Rosario en los últimos años empujó la demanda de mucamas y la incorporación de emprendimientos de mayor categoría también los requerimientos de capacitación. Algunos establecimientos comenzaron a exigir secundario completo y hasta algún manejo de portugués o inglés.
Los empleados de complejos de alojamiento están agrupados en la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (Uthgra), que a nivel nacional conduce José Luis Barrionuevo. La seccional local del sindicato cuenta con 15 mil afiliados en toda la zona sur provincial. De este número, "un quince por ciento deben ser mucamas", según calcula el secretario gremial de la delegación Rosario Uthgra, Sergio Ricupero.
Para el gremialista, la tarea de "las chicas" (como las llamará durante toda la entrevista) resulta "indispensable" para cualquier emprendimiento hotelero. "Se puede prescindir del portero o del recepcionista, pero la mucama tiene que estar sí o sí", destaca.
Esa situación, afirma, hace que la rotación de personal no sea tan vertiginosa como en otros rubros. "Si bien es un trabajo pesado, la mayoría están blanqueadas y por eso se tiende a conservar. Muchas chicas hacen carrera trabajando de mucamas, llegan a ser gobernantas o gobernantas principales y se jubilan en esa actividad. Por ahí sí se ve que cambien de hotel, pero cuando cumplen bien su función es difícil que los gerentes las dejen escapar".
Jóvenes y amables. La mayoría de las mujeres que participaron del concurso son jóvenes, pocas pasaban los 40. "Es que es un trabajo muy pesado, tiene mucha presión porque hay que hacerlo bien y rápido. Corremos todo el tiempo contrarreloj y el físico tiene que acompañar", señalan. Aun así cuentan anécdotas de compañeras que ya están cerca de los 60 y la siguen remando.
Ana Messina es encargada del Hotel Rosario. Ya lleva 25 años en el puesto y se confiesa que, a veces, está cansada. "Trabajar en servicios es muy estresante. Hay gente que porque paga se cree que tiene derecho a hacer cualquier cosa", afirma y repasa lo que podría considerarse un decálogo de huéspedes indeseables: los que fuman en la habitación y tiran las colillas en cualquier lado, los que se limpian los zapatos con los acolchados y el maquillaje con las toallas, los que se llevan elementos de la habitación y sigue la lista.
De acuerdo al convenio que regula la actividad, el número de mucamas está relacionado con la categoría hotelera: en los cinco estrellas no pueden hacer más de 10 habitaciones, estén ocupadas o libres; en los de cuatro estrellas el límite son trece habitaciones y en los de menor categoría pueden atender hasta 15 piezas.
No todos los hoteles reconocen estos límites, tampoco que la tarea de las mucamas se circunscriba a la limpieza de la habitación. "Las chicas no tienen que rasquetear pisos, encerar o transportar bultos. Esas tareas pesadas son para los otros empleados", afirma Ricupero, aunque reconoce que, muchas veces, "estos temas hay que pelearlos".
Por ocho horas de trabajo, 48 semanales, con un franco y medio cada siete días o un sistema de dos por uno (dos jornadas libres una semana y una la siguiente); el sueldo a fin de mes oscila entre 4.800 y 6 mil pesos, de acuerdo a la categoría del emprendimiento.
"Nuestro trabajo es imprescindible para el funcionamiento del hotel. Sin embargo, no está reconocido en esa medida", destacan todas las mucamas mientras esperan el inicio de la capacitación. "Mirá lo que pasa con las propinas —apunta una de ellas—: los huéspedes se las dejan a los porteros, que les llevan el equipaje. A nosotras nunca. Como si no existiéramos".