—Hemos recibido varias cartas que iremos publicando en los próximos días. Una
de ellas muy fuerte, muy estremecedora, sobre un caso de un aborto. Una historia real que envía una
persona que da todos sus datos de identidad y que, por supuesto, no daremos a conocer por razones
notorias.
—Antes de que pase al tema que comenzamos ayer, adelanto
que la chica que busca la historia clínica de su hermana, fallecida en el Hospital Provincial en el
año 2000, regresó a ese nosocomio, llamó por teléfono y sigue sin ser satisfecha su aspiración de
conocer las circunstancias que rodearon la muerte de la joven. La historia clínica no aparece.
¿Podrá hacer algo el señor ministro de Salud de la provincia?
—Y continuando con el tema de ayer, respecto de este
mensaje que recibí y que, resumiendo, dice que Jesús en las navidades es un convidado de piedra, no
puedo dejar de expresar algunas cuestiones y formular algunas preguntas.
—Aclárese que este mensaje es específicamente destinado
a muchos cristianos, practicantes y no practicantes.
—¡Ah, bueno!, el caso del practicante de ojito es mucho
peor, porque viene a ser como un disfrazado que cumple con el formalismo, pero su corazón está en
otra parte. Pero debo expresar, en vísperas de esta Navidad, que Jesús no tiene pan dulce, no
tendrá juguetes, no tiene sueldos dignos y por lo tanto no puede vivir con paz interior. Jesús anda
mendigando por las calles, ha trabajado toda su vida y, llegada esa edad en la que debería sentarse
a reposar con una sonrisa en su rostro, ni reposa ni hay sonrisa; sólo lágrimas, con frecuencia,
inundan sus mejillas. Está enfermo y no puede comprar medicamentos, está en soledad, porque su
esposo, su esposa, su hijo, o su padre murieron o lo abandonaron y nadie le hace compañía. Es
víctima de las más aberrantes injusticias y nadie sale en su defensa.
—¿Quién es ese Jesús?
—Ese niño, ese joven, esa mujer desamparados; ese hombre
maduro que ya cumplió con el ciclo laboral, ese trabajador sometido, ese adulto desocupado, ese
profesional o joven que no puede insertarse laboralmente. En fin, ese Jesús es ese ser humano bueno
que es humillado todos los días.
Candi II
([email protected])