De los 22 protagonistas del último clásico, sin dudas usted, Maxi Rodríguez, es el jugador de más prestigio y reconocimiento internacional. Excelente profesional y antecedentes intachables. Pero el domingo derrapó. Después de innumerables y loables iniciativas desde distintos ámbitos de la sociedad rosarina por evitar incidentes violentos en el marco de un nuevo enfrentamiento futbolístico de leprosos y canallas usted no tiene mejor idea que provocar a 45.000 personas con un gesto desgraciado que afortunadamente no trajo consecuencias mayores y por la cual, de no mediar la ineptitud del señor Vigliano, debió ser expulsado inmediatamente. Sepa usted que actitudes como estas son detonantes de situaciones que después lamentamos por las desgracias que provocan. Usted como actor principal de este evento de tamaña magnitud, que trasciende las fronteras de la ciudad y con tan vasta experiencia adquirida en distintos campos de juego del mundo, debería ser un ejemplo a favor de que este tipo de partidos sólo trasciendan por un resultado deportivo y no por hechos de violencia como el que usted pudo haber provocado. Sé que las pulsaciones exacerbadas en situaciones como esas son detonantes de manifestaciones quizás involuntarias, pero así como su extraordinario talento tuvo el perfecto gesto técnico de control del balón y precisa definición, deduzco que también su capacidad mental estaba en condiciones de elegir un mejor festejo que no amenazará la posibilidad de terminar pacíficamente una fiesta de la ciudad. Aún está a tiempo de pedir unas sentidas disculpas, dados sus antecedentes, por lo menos para quien escribe estas líneas, será más que suficiente.
































