Los gobernantes exageran los logros obtenidos, anuncian proyectos de envergadura sin haber resueltos obras domésticas, prometen la abundancia eterna mientras muchos platos están vacíos de comida, echan la culpa de los problemas existentes a la anterior administración, desvían la furia del pueblo inyectando más fútbol, televisión barata y autorización de piquetes o subsidios a mansalva. Al proceder de este modo se me figuran todos mentirosos, ansiosos de poder y caprichosos a la hora de imponer sus ideas. Son muy pocos los personajes de extracción política que se dedicaron humildemente y en tiempo completo a su delicadísima tarea de conducir un país sin intentar sobresalir. Cuando llegó el momento del honorable retiro lo hicieron en medio del aplauso y la emoción de la gente y con los bolsillos dados vuelta para que todos pudieran ver que no se llevaban nada ajeno. A nivel personal necesito destacar la infame mentira del costo de vida en los últimos seis años, información fogoneada desde el oficialista Indec. Desde hace 72 meses (octubre 2002 a octubre 2008) investigo las variaciones de precios sobre 11 artículos de la canasta alimentaria básica familiar más cuatro medicamentos de uso personal. El mismo comercio, marcas, envases y versiones. Los artículos: azúcar (bolsa de kilo); aceite girasol plástico (750 cc); arroz (bolsa de 500 gramos); un kilo de costeleta; fideos largos (500 gramos); un kilo de harina de trigo; una docena de huevos; un litro de leche en sachet; manteca (paquete de 200 gramos) un kilo de pan varilla; un kilo de yerba con palo. Los medicamentos genéricos son: fenobarbital y clonazepam. El incremento combinado de 72 meses: 3,429 veces sobre valor de arranque. Mi sueldo de jubilado estatal desde octubre 2002 al futuro marzo 2009 se incrementó en 0,73 vez. Me hierve la sangre cuando el Indec, muy suelto de cuerpo, anunció en octubre que la canasta alimentaria básica familiar descendió 0,5 el último año. ¿No hay forma de evitar que los gobernantes paren con la mentira? Especialmente los que están ahora cacareando que jamás se otorgaron tantos beneficios a los "queridos abuelitos". ¡Cómo habrán sido los anteriores, entonces!



































