Bienvenida "Rosario, libro y lectura", la próxima feria a realizarse en "la catedral" de la UNR. Al respecto una reflexión: salvo excepciones, creo que existe cierto desconocimiento de muchos poetas rosarinos pese a los esfuerzos que hicieron las plaquetas de los Gandolfo; revistas como Cronopio, Alto Aire, Diez Centavos de Poesía, Signos o La Cachimba; ferias de libros, suplementos literarios y editoriales como Homo Sapiens, la Municipal, la de la Vigil o Ediciones Poesía de Rosario. Pareciera que esa loable tarea no ha sido suficiente si consideramos el olvido de algunos "escribidores" notables como -para poner un solo ejemplo- Willy Harvey (1931-1982). Es cierto que algunos han superado un poco la barrera del olvido, como Alberto Vila Ortiz, Hugo Diz, Orlando Calgaro, Eduardo D'Anna, Raúl Acosta, Rafael Ielpi o Jorge Isaías (entre otros contemporáneos), pero aceptemos que a muchos de ellos se los identifica por sus otras actividades. Lo cierto es que un buen número de talentosos artesanos de la cultura merecerían más reconocimiento y apoyo. ¿Será una utopía? ¿Es suficiente la poesía? Tomando un café en un bar, escuché sin quererlo a alguien que decía: "Willy Harvey fue un loco de la guerra y Cachilo un linyera curda". Su interlocutor -algo más sensato- respondió: "Sucede que Harvey y Cachilo, igual que Baudelaire, fueron poetas "malditos" y como a veces dormían en la calle, pertenecen a la raza de los olvidables". Yo pensé: Willy y Cachilo no habrán sido los más presentables y equilibrados, pero digamos que no buscaron trascender porque les bastaba portar el fuego sagrado. A Cachilo (1927-1991) incluso habrá quien le niegue -pese a algunas recopilaciones de su obra- su condición de poeta, por escribir en las paredes. Hoy una biblioteca popular (Virasoro al 5600) se llama "La Cachilo" en su homenaje y creo que sería bueno recordarlo como un representante de los artistas poco reconocidos. Personalmente lo haré tratando de remedar su estilo graffiti y pensando que desde arriba me dicta: "Corre la vida tras el ladrón / Corre la plata con el botón. Cuando aparece algún decente/ pareciera que llora la gente. Que sufra mucho tu señora / por venir después de hora…". Cachilo, te sigo viendo en la recova de Rioja y Buenos Aires con tu barba espesa y la gorra chica en la cabeza; Por último Cachilo, te evoco junto a Rubén Sevlever, vendedor, librero, caminante y labrador, que cierto día escribió: "A las palabras, como a las semillas, las lleva el viento, por eso algunas germinan lejos".




























