Hace una semana, aproximadamente, un periodista, por la mañana, entrevistaba al ex ministro de Economía, Domingo Cavallo. Mi estupor fue escuchar al ex funcionario dar recetas de economía con un aplomo y una seguridad que cada vez me dejaba más asombrada. Si bien es cierto que muchos al principio celebraban sus medidas, y de esto hay que hacerse responsable y hacer memoria, no es menos cierto que las consecuencias de su política de entonces fue un absoluto desacierto, y demostró un sinfín de errores de los matices más variados. Recuerdo cuando el ex presidente Menem se disputaba con su ex ministro la autoría del verdadero "padre de la criatura", apuntando así al modelo implementado por dicho gobierno, convirtiéndose el tema -logro para ambos- en el centro de una disputa que ocupó no pocos medios de comunicación, ya que el debate para los mencionados lo ameritaba ampliamente. Extraño, pero pasó. Raro, pero lo vivimos a nivel social y personal, sin dudas. Las fórmulas políticas y económicas por entonces se pagarían a precios muy altos, con costos muy significativos. No comprendo su actitud de reaparecer y pretender el doctor Cavallo dar cátedras, queriendo demostrar con su alocución tener soluciones para la república. Su arrogancia, confieso, lucía intacta. No obstante, el ex funcionario retrotraía a desenlaces que mucho nos han perjudicado. El señor Cavallo, que tuvo el tupé de mandar a lavar los platos a una destacada científica, luego ciudadana ilustre, es él quien debería, si a los hechos nos remitimos, hacer esa tarea y similares también. El doctor Cavallo se debe una exhaustiva revisión de su desempeño, con la seriedad que su área por entonces esperaba.




























