Presidente de la Nación 1963-1966, alguien dijo que la mediocridad no pudo soportar a un presidente democrático de lujo; él no hablaba de corrupción, él “fue incorruptible”. Se comprometió con fervor y justicia en favor del bienestar de los demás. Fue un verdadero militante que pensó en la causa salvadora de los pueblos, con hechos concretos y no con promesas. Y fue así que de su mano ejecutora, creció el salario real y bajó la desocupación, promovió la ley de abastecimiento, para controlar los precios de la canasta familiar, fijó montos mínimos para las jubilaciones y pensiones, aumentó el presupuesto para la educación, lanzando el plan de alfabetización. Pero algo que muy pocos se hubiesen atrevido, fue llevar adelante la ley de medicamentos, había tocado a las corporaciones más poderosas. Hoy parece que nos olvidamos que sin militantes no hay política verdadera, porque es la llama forjadora de un rumbo colectivo. Fue un hombre honrado que murió en la pobreza, en la cama de un hospital público, pero más allá de sus errores o aciertos fue un verdadero ejemplo de probidad. Creo que la historia, que bien algunos llamaron “La República Perdida II” impulsada por las corporaciones de turno desataron una campaña impiadosa, para tocar las puertas de los cuarteles y así una patota de militares impone a Juan Carlos Onganía, y a partir de ese momento, comienza una etapa de golpes de estado, que llevó al abismo con en golpe del 76. Argentinos perdimos una oportunidad histórica, no volvamos a cometer un nuevo error, con sus defectos y virtudes, vale la democracia.

































