Estamos obsesionados procurando reducir el problema vehicular del centro rosarino. Todas las medidas propuestas hasta ahora fallan porque en algún momento tocan los intereses, comodidad o beneficios de algún sector. Previamente recordemos que sobre el lado este hay solamente agua que no se puede ordenar ni estirar. No se le pueden trasplantar avenidas en su interior. En lo que hace a rapidez, dos avenidas y media y dos bulevares es lo que contabilizamos en el micro y macrocentro. En algún momento de todos los días algo revienta porque no se puede contener a casi 400 mil unidades que forzosamente circulan en el sector. Y como al igual que en Cambalache está todo manoseado, billetera mató a los urbanistas que dijeron sí a la descentralización. Ahora nos tironeamos el pelo tratando de arreglar el gran entuerto. En un cierto tiempo habrá otros 600 edificios nuevos además de los existentes. Los comerciantes, hoteles, restaurantes, supermercados, cines, colegios privados, taxis, remises buscan alentar el ingreso en el área céntrica. Hay elementos misceláneos a cualquier hora. Bicicletas, motocicletas, madres con sus 4 x 4 de 50.000 dólares que depositan o retiran sus párvulos frente al colegio privado. El principio geométrico de que la menor distancia entre dos puntos es la línea recta no se cumple acá porque en cualquier lugar de esa recta habrá un piquete que obligue al desvío. Hay montones de propuestas para solucionar el caos: tranvías, estacionamientos bajo nivel, a nivel, a sobrenivel, bicisendas, más controles, crear corredores exclusivos, trenes eléctricos de altura, trasbordar pasajeros desde los barrios y que sé yo cuántas más. ¡Por favor!, paremos con las ideas hasta después de las próximas vacaciones o hasta que no haya más monstruosos camiones bombeando cemento o hasta que Assa reduzca sus miles de corralitos. Si insistimos en seguir ordenando, entonces no juguemos un truco rapidísimo, mintiéndonos a nosotros mismos. Juguemos un ajedrez inteligente que nos obligue a reflexionar, a utilizar todas las neuronas, a resolver una situación comprometida, a pensar en un futuro para todos. Ya estamos sufriendo bastante sin acelerarnos. La magnitud del problema amerita que pensemos en él fríamente antes de decidir algo.





























