En primer lugar, quiero felicitar a mi gremio, Amsafe, local y provincial, por el denodado esfuerzo para lograr, una vez más, algo que históricamente se viene repitiendo año tras año: demostrar qué hacen para no hacer nada. Es decir, trabajan día y noche. Eso sí, me pregunto para quién. ¿Al comenzar el año lectivo se acuerdan de las necesidades edilicias, la superpoblación áulica, las currículas vaciadas de contenido y significación, y la decadencia de la educación en general? ¿Cuáles son las consecuencias de ese trabajo tan extenuante? ¡No defiendan tanto la escuela pública! Humildemente, voy a mencionar algunas de las muchas propuestas que se podrían poner en marcha: aumento salarial. La institución cuenta con excelentes profesionales para realizar un estudio administrativo y contable, ver las recaudaciones por impuestos, coparticipación, loterías y casinos, y otras erogaciones. Como resultado de ese análisis, veríamos claramente lo que nos corresponde. Escuela de puertas abiertas: organizar los contenidos curriculares con los docentes, alumnos y padres que planteen una educación para el presente con proyección hacia el futuro. La escuela de hoy es distraccionista, anclada en el pasado. Es de su competencia y obligación dar a conocer a todo el mundo las guerras de visibilidad confusa, con apariencia pasiva. Por mencionar algunas: guerra biológica, a través de los alimentos transgénicos, fumigaciones, las vacunas y sus efectos secundarios. Guerra química: el fluor, mercurio y demás metales pesados. Guerra tecnológica: las haarps, los chips con baterías de litio (en EE UU los implantarán en humanos a partir de marzo de este año). El objetivo: la colonización mental a través de la estupidización por los elementos antes mencionados. Reitero, los programas educativos deben direccionarse a través de los docentes, alumnos y padres. Esto es válido también para todos los niveles educativos.






























