El empleo adquirió una nueva dinámica en la última década en el Gran Rosario. Así, la región —que fue noticia por haber alcanzado niveles récord de desocupación— volvió a registrar indicadores que empardan con la media nacional. Sin embargo, el fuerte proceso de degradación del trabajo producido en los 90 dejó secuelas profundas en la estructura de la matriz laboral que hoy afrontan quienes buscan insertarse nuevamente en la actividad.
En ese contexto y profundizando una tradición que se repite a lo largo de los años, los grupos más vulnerables siguen siendo los jóvenes y las mujeres. Los primeros porque sufren los efectos de pagar un “falso derecho de piso” para ingresar al mercado laboral que incluye precarización e informalidad y en el segundo caso, porque las diferencias de género aún persisten en las condicciones de acceso al empleo.
Pero además, en función de un cambio en la composición de la demanda laboral, ahora mucho más exigente y específica, los niveles de calificación también ofician de filtro a la hora de obtener un puesto de trabajo. Por esa razón, el 84% de las personas que poseen nivel superior completo tienen al menos una ocupación en el aglomerado y la tasa de empleo promedio disminuye a medida que la calificación es menor.
Los datos se desprenden de un estudio de oferta laboral en el aglomerado elaborado en conjunto por el Ministerio de Trabajo de la Nación, la Muncipalidad de Rosario y el Consejo de Capacitación y Formación Profesional de Rosario y la región —en base a análisis de datos secundarios tomados de las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y del organismo provincial (Ipec)— que muestra el mapa del mercado laboral en el período de la posconvertibilidad y da cuenta de que el crecimiento del empleo no fue homogéneo en todos los sectores de la población.
Ese relevamiento que sondea al interior del mundo del trabajo hizo un repaso de lo ocurrido entre el tercer trimestre de 2003 y el cuarto de 2009. El mismo detalla que la Población en Edad de Trabajar (PET) —una nueva categoría incluida en el trabajo— en el Gran Rosario representó durante el período analizado, en promedio, el 61% de la población total, al tiempo que la PEA (que por definición es la oferta de trabajo) representó el 72% de la PET. “La evolución de las variables analizadas nos muestra que si bien hubo vaivenes en el mercado de trabajo, en general, se observa un período de expansión: existe un aumento de la actividad y del empleo, mientras que la cantidad de desocupados disminuyó”, señala el relevamiento.
Este universo (PET) estuvo conformado mayoritariamente por población de 25 a 46 años, denominada “adultos”, que representaron entre el 46% y el 47% del total. Seguido por las personas de entre 46 y 65 años, “adultos mayores”, con una participación que osciló entre el 31% y el 33% del total y relegando a una participación minoritaria a la población considerada “joven”, que se encuentra en la franja etaria que va desde los 18 a los 24 años. “Advertimos que los jóvenes son un grupo de población en situación crítica”, precisó el secretario de Producción de la Municipalidad, Sebastián Chale.
También los jóvenes fueron los más postergados en la medición del nivel de población ocupada. La estructura etaria de los ocupados estuvo compuesta, al igual que la PEA, mayormente por población de 25 a 46 años, que representaron entre el 52% y el 55% del total, seguido por las personas de entre 46 y 65 años con una participación que osciló entre el 31% y el 35% del total y los jóvenes apenas alcanzaron entre el 11% y 18%, un nivel menor al peso que tienen en la PEA.
“Este rango etario es el más vulnerable y que se ve más afectado frente a los cambios en las condiciones macroeconómicas”, señaló Chale.
Si se mide la categoría ocupacional —que distingue a trabajadores asalariados, independientes y familiares sin remuneración— en el universo total de la población ocupada los asalariados crecieron y representaron el 75% del total, frente al 24% de los independientes. En ese segmento, la mayor cantidad de asalariados (83%) corresponde al grupo de los adultos y los jóvenes quedaron relegados, aunque crecieron en participación a lo largo de la serie un 1,83%.
De todos modos, la condición de asalariado no fue sinónimo de bienestar. Por caso, en el período analizado los asalariados en negro representaron en promedio el 42% del total y sobre ese universo los más afectados fueron nuevamente los jóvenes. “Los jóvenes asalariados que son considerados informales representan en promedio el 64% del total”, precisa el estudio, y aumentando en el orden del 52% desde el 3º trimestre de 2003 y el 4º de 2009.
En cambio, los asalariados informales “adultos” representan en promedio el 38% del total de asalariados adultos y esta condición creció un 3% en el lapso estudiado.
Aunque algunos sectores manifestaron un especial dinamismo en materia de indicadores de actividad económica, el correlato en materia de empleo no fue directo. Así, el relevamiento precisa que en la mayoría de los trimestres analizados, la mayor cantidad de trabajadores asalariados se encontraba en la actividad de “servicios sociales, salud, cultura y deportivos” que es muy amplia y enmarca una gran cantidad de servicios que se prestan en un aglomerado urbano.
En cambio, el rubro “industria”, ocupaba el 18% de los asalariados y se constituyó en la segunda actividad en importancia, seguido por el “comercio” que da trabajo en promedio al 14% de los asalariados.
Otras actividades de destacadas en materia de empleo fueron en ese lapso la “construcción”, los “servicios financieros, inmobiliarios y empresariales”, la “administración pública y enseñanza”.
Finalmente, en la actividad “hotelería y restaurante”, del total de trabajadores asalariados que se desempeñaban, en promedio a lo largo de la serie, el 38% eran jóvenes. Esta es la actividad con mayor porcentaje de jóvenes asalariados sobre el total. Otras actividades donde se puede observar en promedio una importante participación de los jóvenes asalariados son “construcción” con el 28%, y “comercio” con el 27% de jóvenes asalariados sobre el total. En la “industria”, en promedio, un 20% de los asalariados son jóvenes.
Demanda exigente. Por otra parte, el estudio dio cuenta de una nueva estructura de la demanda laboral en la región que puso la lupa sobre el nivel educativo de la población. “La oferta laboral (medida en la PET) en el Gran Rosario tiene más nivel de calificación a finales de 2009 que en el inicio de la serie”, señalaron los funcionarios, aunque aclararon que aunque se trata de un dato positivo, no corre en paralelo con la demanda, que hoy “es mucho más exigente y requiere de niveles de educación y formación más específica”, agregaron.
“Tenemos una demanda laboral de gran calificación pero no alcanzamos la media de los países industrializados”, aseguraron los funcionarios, aunque aclararon que el Gran Rosario “está mejor que el resto de los aglomerados de similares características en el país”.
“La PET del Gran Rosario mayoritariamente alcanzó al menos el nivel educativo de secundaria completa en niveles que representan entre el 50% y el 58% del total” indica el estudio. Sin embargo, aclara que el rango etario estudiado es el comprendido entre los 18 y los 65 años, y por tanto, si se considera que a los 18 años la mayor parte de los jóvenes se encuentran fuera de la edad escolar, es muy importante la proporción de la PET que no alcanza el nivel de secundario completo”.
De todos modos, más allá de las vulnerabilidades y de las acciones a encarar en los grupos que las expresan, el trabajo concluye que en el período posconvertibilidad “se dio un incremento de la PEA con suba de la ocupación, lo cual indica que el mercado laboral del Gran Rosario fue capaz de absorber las nuevas incorporaciones al mundo del trabajo”.