Economía

Números de la resignación

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Domingo 10 de Diciembre de 2017

Las palabras en política se terminan en los números del presupuesto. La verdadera importancia de las cosas está dada por la cifra asignada en la totalidad de gastos y recursos imaginados para el año. La estatura real de la política está en estas cantidades.

El gobierno de Miguel Lifschitz contará para su tercer año de mandato, con un presupuesto de más de 191 mil millones de pesos, según el mensaje 4622 enviado a la Legislatura y con media sanción. Aunque esa fenomenal cantidad de dinero supone casi 37 mil millones de pesos que lo destinado para 2017, las necesidades de los santafesinos no estarán saciadas porque no se cuenta con el dinero adeudado por el gobierno nacional ni tampoco se sabe qué nivel de impuestos pagará el grueso de la población en agua, luz, inmobiliario e ingresos brutos. Hechos que determinan que estos números tendrán una precaria existencia a poco de andar el año entrante.

La cartera más importante, según el presupuesto 2018, es el Ministerio de Educación, con un total de más de 40 mil millones de pesos, que no obstante sólo representa el 21% del total general de gastos y cálculo de recursos, muy lejos del deseado 40% en el que coincidieron los cinco diputados autores del borrador de la nueva ley provincial de educación. Seguramente el oficialismo presentará un porcentaje mayor al incluir obras y otras consideraciones que, de hecho, no está en el presupuesto destinado a la cartera. En segundo lugar se ubica el Ministerio de Seguridad, con una partida de más de 18 mil millones de pesos, el 9,50% del total. Y el tercer lugar es para Salud, con poco más de 16 mil millones de pesos, el 8,36%.

El mensaje del Ejecutivo asegura que "en la formulación presupuestaria aplicada al ejercicio 2018 partimos de un hecho fáctico –cuya decisión causal no compartimos_ consistente en la omisión en el proyecto de presupuesto nacional de aportes para atender dicha acreencia de la provincia. Por tal motivo, por principio de prudencia, no se ha incluido en el presente proyecto de presupuesto importe alguno. Tal principio de prudencia... postula que no debe sujetarse gasto alguno vinculado a fondos extraordinarios cuya percepción en un ejercicio puntual no tenga un mínimo de certeza", casi en clave de resignación.

Aquí es necesario marcar un punto de vista político: si el gobierno provincial sabe que la administración nacional no le pagará la deuda, qué impide que, en ejercicio de su soberanía, cobre ingresos brutos a las grandes exportadoras. Si solamente lo hiciera en un 5% a las trece firmas más importantes, el Estado provincial tendría casi 18 mil millones de pesos más por año. No se trata de una cuestión judicial, sino de una decisión política. Lo dice el propio gobernador en su mensaje cuando afirma que "el presupuesto contiene un profundo significado político".

Sin embargo una profunda resignación política atraviesa el espíritu del presupuesto 2018.

Es por lo menos curioso el método de pensar la configuración del presupuesto de gastos y recursos por debajo del Producto Bruto Geográfico de alrededor de 600 mil millones de pesos. ¿Por qué el gobierno configura un presupuesto con menos de la tercera parte del total productivo que genera el pueblo trabajador santafesino?

Tampoco se entiende por qué razón el Ministerio de Desarrollo Social está octavo en el orden de prioridades con un poco más de 2.700 millones de pesos; noveno el de Trabajo con 2.022 millones de pesos; en el puesto 12, Producción con un poco más de 871 millones de pesos; la Secretaría de Hábitat décima, con 674 millones de pesos y un triste y lapidario puesto 17 para el ministerio de Medio Ambiente. Cifras anoréxicas para las carteras que tendrán que poner la cara ante los despidos, cierres, necesidades habitacionales y enfermedades derivadas del modelo agrotóxico hoy vigente en el país y la provincia. A pesar que en el mensaje 4622 sostenga que el 57% del presupuesto está destinado a políticas sociales.

Por otro lado, en estos días de escuchas estridentes, es llamativo encontrar en el mensaje del Ejecutivo una frase que alude a la relación del poder Ejecutivo y el Judicial: "Para potenciar la política de seguridad pública se logra una sinergia con el sistema judicial". Habrá que cuidar las distancias que produce esa sinergia para que la proclamada independencia de poderes no sea una mera ficción.

Si la inflación de las palabras termina en la contundencia del número del presupuesto, será necesario replantear las exiguas partidas asignadas a violencia de género, justicia penal juvenil, hogares de ancianos y niños, prevención de adicciones y promoción de derechos humanos.

El presupuesto 2018 del gobierno de Lifschitz no parece apuntar a una transformación de la realidad, sino a un ilusorio mantenimiento de la paz social que siempre dependerá de la voracidad de los sectores que concentran y extranjerizan la economía.

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