Economía

Negocios a través del charco entre la UE y el Mercosur

El acuerdo alcanzado para abrir el comercio entre ambos bloques, que debe ser ratificado, abrió un debate entre sectores políticos y económicos.

Domingo 14 de Julio de 2019

Veinte años después de que realizaran las primeras conversaciones entre el Mercosur y la Unión Europea para avanzar en un acuerdo comercial, los cancilleres de ambos bloques firmaron hace dos semanas las bases de un tratado que propone un ambicioso plan de apertura comercial. Con distintos tiempos y formas de implementación, el universo de bienes involucrado es superior al 90% y el pacto copia a grandes rasgos el plano de las estructuras exportadoras de ambos bloques. Los sectores ligados a la producción agropecuaria y agroalimentaria argentina fueron los primeros en celebrar, mientras que los puramente industriales fueron los que se mostraron más preocupados.

Aunque el canciller argentino Jorge Faurie dijo que el gobierno argentino buscará acortar los tiempos de implementación a través de aprobaciones “provisorias” en los puntos relacionados con el intercambio comercial, el proceso de habilitación a ambos lados del Atlántico es complejo y llevará su tiempo. Se estima, si no hay objeciones, que su implementación llevará un mínimo de dos años.

Desde el anuncio de un “acuerdo histórico” que emocionó al ministro de Relaciones Exteriores hasta las lágrimas, hasta las más mesuradas explicaciones de funcionarios a los referentes de 30 cámaras empresariales respecto de los tiempos de implementación, las salvaguardas y las ayudas a implementar a sectores sensibles, la negociación con Europa desató un debate entre sectores políticos y económicos. Esto a pesar de que el acuerdo no fue difundido en detalle por el gobierno argentino y de que resta definir la llamada “letra chica”.

En términos generales, las mismas comunicaciones oficiales informaron que la UE elimina los aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur y otorga acceso preferencial, a través de cuotas y otros mecanismos, para otro 7,5%. En contrapartida, el Mercosur eliminará aranceles para el 91% de las importaciones europeas y dejará excluido un 9% de los productos.

El cronograma de desgravación europeo es más veloz que el del Mercosur. El 76% de las importaciones serán liberadas de forma inmediata. El resto se liberalizará entre 4 y 10 años. De este lado del charco, la apertura será inmediata para el 13% de las importaciones. El resto se hará en plazos que van de 10 a 15 años.

En uno de los casos más sensibles, como el del sector automotor, los aranceles desaparecerán recién a los 15 años de la entrada en vigencia del acuerdo. Habrá además siete años de gracia durante el cual no operará ninguna disminución. Mientras, se otorgará una cuota de ingreso de 50 mil vehículos europeos.

La Unión Europea liberará el 99% de su comercio agrícola con el Mercosur. El 81,7% será a través de la eliminación de aranceles. El 17,7% restante a través de cuotas o preferencias fijas.

En tanto, las cuotas de exportación de carne bovina (99 mil toneladas contra las 400 mil solicitadas inicialmente), carne avícola, maíz, arroz y etanol constituyen la principal promoción del gobierno a favor del acuerdo. También, la eliminación del arancel del 20% que pagan los cortes de carne de alta calidad que Argentina envía actualmente a través de la cuota Hilton de 29.500 toneladas.

Cabe recordar que el grueso de las exportaciones locales al Viejo Continente son productos de base agropecuaria, y muchas de ellas ya ingresan sin grandes dificultades.

Del otro lado, el alerta se encendió en las actividades industriales como la automotriz, autopartes, la línea blanca, la maquinaria agrícola, los sectores textil y calzado, la siderurgia y los productos químicos. Todos rubros, dicho sea de paso, de fuerte incidencia en la estructura productiva santafesina.

Un informe del Centro de Economía Política Argentina (Cepa), el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior (Ocipex), la Asociación Soberanía Sanitaria y la Fundación Gep analizaron lo que se conoce del tratado.

Desde su punto de vista, “no se reconoce el concepto de asimetría entre las partes” y “se apunta a consolidar una especialización productiva en la que Argentina se limitará a funcionar como un proveedor internacional de materias primas, sin posibilidad alguna de diversificar sus exportaciones”.

Desequilibrios

Los especialistas de esos centros de estudios subrayaron que la UE demandó la extensión de plazos de protección y exclusividad sobre los datos de prueba de los medicamentos y aseguraron que estas medidas aumentan el precio de los fármacos y retrasan la aparición de genéricos.

En materia de compras públicas, la UE demandó acceso a mercado a los proveedores europeos a través del principio de trato nacional. “También reclamó criterios flexibles que le permitan la utilización de insumos de terceros países en sectores que son muy sensibles a la liberalización como textil, químico, siderúrgico y calzado”, dijo. Esto permitiría que, una vez ingresada la mercadería a la eurozona, las empresas “lleven adelante procesos mínimos de terminación para luego certificar que se trata de un producto europeo y entrar sin arancel al Mercosur”.

La UE demandó acceso y trato no discriminatorio para los buques de navieras europeas en operaciones que hoy están permitidas exclusivamente a embarcaciones del Mercosur. Entre ellas, se destacan el transporte binacional de carga y pasajeros.

Según la consultora Tendencias Económicas, los productos agrícolas, de molienda, carne vacuna y de diversas economías regionales serán los “ganadores” del acuerdo de asociación estratégica. Entre los “perdedores”, se encuentran sectores de la industria manufacturera como la automotriz, de autopartes, maquinaria agrícola y bienes de capital, productos metálicos, químicos y medicamentos.

De hecho, el acuerdo orientó su participación en las negociaciones en función de sus objetivos de política de reestructuración industrial, incluidas en su Plan de Transformación Productiva, que prescribía la eliminación de una serie de sectores de actividad y la reconversión de otros. Los mismos voceros empresariales que celebraron el acuerdo subrayaron este programa al celebrar la desaparición de empresas. Los funcionarios de la administración de Mauricio Macri vincularon este tratado comercial con ajustes en el plano laboral, previsional y fiscal, ejes de las reformas que impulsó con dispar éxito durante su gestión.

El economista de Ieral de la Fundación Mediterránea Jorge Vasconcelos advierte que el acuerdo obliga a la Argentina a ser más competitiva y “ordenar la agenda de reformas”.

“De prosperar el acuerdo entre el Mercosur y la UE, la Argentina se enfrentará a un escenario inédito. Para aprovechar las oportunidades y minimizar los riesgos, el gobierno (en sus tres jurisdicciones) deberá ser capaz de avanzar hacia una macroeconomía estable, con equilibrios sustentables, y de servir de apoyatura a la competitividad del sector privado, con menor presión tributaria y un gasto público más eficaz, mientras que las empresas deberán reenfocar la mira, con negocios e inversiones que serán testeados por parámetros de mayor exigencia”, indicó.

Vasconcelos subrayó que los plazos de adecuación para el Mercosur son, en promedio, “el doble de los que obtuvieron España y Portugal a mediados de los 80 para ingresar a la Unión Europea”. Aseguró, además, que “los desafíos para los sectores con mayores problemas de competitividad tampoco son nuevos, ya que este acuerdo llega quince años después de la irrupción de China en el mercado mundial de las manufacturas y cinco años después del comienzo del auge del comercio electrónico”.

En la Argentina, esos cambios que trajo el siglo XXI han estado obligando a muchas industrias a una “reconversión silenciosa”, dijo Vasconcelos, quien consideró que “aquellos sectores que necesiten reconversión podrán acceder a mecanismos que la faciliten”.

Además, “al existir el horizonte de un mercado ampliado, pueden darse casos en los que los puestos de trabajo se mantienen, pero cambia la composición accionaria de las empresas, ya que se amplían las opciones para los dueños originales”, dijo.

Lo que el Cepa consideró como “un Alca (Asociación e Libre comercio de las américas) silencioso”, fue objeto de otra mirada por parte de Eduardo Fracchia, del IAE Business School, la Escuela de Negocios de la Universidad Austral.

El economista aclaró que “no hay que esperar una apertura inmediata, ya que el 60 % de la oferta del Mercosur se irá desgravando en un período de 10 años, que se considera un lapso prudencial y más prolongado que el de la Unión Europea con otros países con los que hicieron TLC”.

También señaló que en el comercio de bienes se negocian plazos de disminución progresiva de aranceles. “La supresión de aranceles en industria de alta tecnología introduce riesgos para una parte de la estructura productiva nacional”.

Por eso, a su juicio, “la discusión de reglas de origen es clave para impedir que los productos que vienen de naciones con salarios reducidos, por ejemplo, de Asia entren en la región como si fueran producidos en Europa”.

El referente de la Austral señaló que Europa es un socio relevante de la Argentina, el 16% de las exportaciones del bloque van a Europa en el promedio de los últimos 5 años. Se importa un porcentaje similar. El núcleo de lo importado tiene que ver con sector metalmecánico, químico, autopartes, farma. El cluster de cereales y oleaginosas es el núcleo de lo exportado y le siguen los productos alimenticios.

“Nuestro Mercosur, que suscitó enorme entusiasmo entre 1991-1999 se ha apagado, y en los últimos 20 años no ha supuesto una plataforma de integración con el mundo. En esta circunstancia tenemos una oportunidad para salir de nuestra mirada provinciana”, advirtió.

El acuerdo final no será, dijo, “un avance lineal” sino que “habrá avances y retrocesos”. Pero consideró que “es un paso relevante en particular en tiempos de proteccionismo mundial tanto en Europa como en Estados Unidos”.

Desde su punto de vista, “hay reacciones ideológicas prematuras frente al tema y un temor instintivo a relacionar apertura con Martínez de Hoz y Cavallo / Menem con cierre de fábricas y emprendimientos”. Aseguró que “a Chile le fue muy bien con sus TLC y también a México”.

Doble golpe a la industria

Un informe del economista Andrés Asiaín, del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso), consideró en cambio que el acuerdo afecta “doblemente” a la producción industrial argentina, porque habilitará mayores importaciones europeas en el mercado interno pero también en el mercado de Brasil, principal destino de las ventas de bienes manufacturados locales al exterior.

El economista aseguró que la negociación de un acuerdo de libre comercio con Europa sí beneficia a un sector de la industria brasileña, que lo impulsó frente al avance de China e India en el mercado comunitario. La pérdida de los beneficios de acceso por el Sistema de General de Preferencias (SGP) afectó desde 2014 tanto al país vecino como a la Argentina. Europa quitó esas ventajas por entender que ambas naciones habían mejorado su estatus de “ingreso medio”.

“En el caso argentino, la pérdida de esas preferencias no afectó en gran medida las exportaciones, reducidas a un pequeño grupo de bienes primarios”. Para Brasil, recuperar facilidades de acceso a ese mercado de 500 millones de personas pueden significar, como señaló el analista Jorge Castro, un paso para revertir la “continua contracción manufacturera” del ese país que sufrió el “proceso más grave de desindustrialización del sistema mundial”.

A su criterio, el acuerdo mejorará las perspectivas de ventas de calzado, productos textiles, autopiezas y bienes aeronáuticos brasileños, además de los productos agroalimentarios en los cuales es líder mundial.

Como sea, un mercado de 800 millones de personas podría estar empezando a construirse, con sus oportunidades y amenazas.

Los ganadores y perdedores

Los productos agrícolas, de molienda, carne vacuna y de diversas economías regionales serán los “ganadores” del acuerdo de asociación estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), “porque tendrán un acceso a los mercados con arancel 0%” cuando entre en vigencia, destacó la consultora local “Tendencias Económicas”.

Entre esos productos el análisis menciona la harina y el poroto de soja; aceites para uso industrial (de soja, girasol y maíz); despojos comestibles de especies bovina, porcina y ovina; menudencias, grasas y semen bovino; manzanas, peras, duraznos, cerezas, ciruelas y uvas de mesa; maní, legumbres, frutos secos y pasas de uvas; infusiones y especias; bebidas (agua mineral, cervezas y espirituosas); y productos de la pesca (merluza, vieyras y calamares).

A la vez, entrarán en la canasta de desgravación en 4 a 10 años productos de la pesca y conservas de pescado, hortalizas, plantas y tubérculos alimenticios y en conserva, frutas cítricas (limones y naranjas), frutas finas (arándanos y frutillas), harina de maíz, almidón y arroz partido, aceites vegetales (soja, girasol y maíz), biodiésel, preparaciones alimenticias y pastas, golosinas, helados y mermeladas, jaleas y otras preparaciones en base a frutas, alimentos para mascotas, manteca y demás preparados de maní.

Luego, Tendencias Económicas, añadió que habrá productos con cuotas, como los vinos, hasta 5 litros, con desgravación lineal en 8 años; arroz, con cuota de 60.000 toneladas y arancel 0%, sin cambio en las condiciones, sin segmentación e implementación en 6 años; en carne bovina, cuota Hilton de 29.500 toneladas y arancel a la entrada en vigor del acuerdo; y nueva cuota de 99.000 toneladas: 55% refrigerada y 45% congelada, con arancel intracuota del 7,5% y volumen progresivo en 5 años.

Para carne aviar la oferta es de 180.000 toneladas con arancel 0% a la entrada en vigor del acuerdo, 50% deshuesada y 50% otros, con volumen progresivo en 5 años; para miel: 45.000 toneladas con arancel 0% a la entrada en vigor y volumen progresivo en 5 años; azúcar: 180.000 toneladas (dentro de la cuota OMC) con arancel intracuota del 0%; y en etanol: 450.000 toneladas para uso químico, con arancel 0% a la entrada del acuerdo y volumen progresivo en 5 años y 200.000 toneladas para todos los usos y también volumen progresivo en 5 años.

Entre los “perdedores” del acuerdo, según Tendencias, se encuentran sectores de la industria manufacturera como la automotriz, de autopartes, maquinaria agrícola y bienes de capital, productos metálicos, químicos y medicamentos, si bien en los rubros sensibles los plazos para liberalizar completamente el comercio se elevan en forma gradual a 15 años.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario