De una crisis, la Argentina puede sacar una oportunidad. En un contexto de
desbalance estructural en materia de oferta —producto del crecimiento del consumo de países
como China, India e incluso el continente africano— que no puede ser compensado por el
aumento de la producción de alimentos, el país está en una posición inmejorable. Sin embargo, las
exportaciones están cerradas y el conflicto del agro con la administración de Cristina Fernández,
parece no tener una salida en lo inmediato. "Este es un gobierno que no va con la posición de un
país sino que busca consolidar su poder político", sintetizó el escenario local e internacional,
Pablo Adreani, analista de la consultora Agripac, quien disertó en el marco del Programa de
Capacitación en Agronegocios de la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario de la Universidad
Católica.
—¿Cual es el escenario a nivel mundial?
—Hay una situación inédita en la historia de la humanidad, donde el
crecimiento de los grandes bloques como China, India y Africa, no puede ser compensado por el
aumento de la producción de alimentos. Por tercer año consecutivo hay una caída de stocks mundiales
que provoca una desbalance estructural. El 50 por ciento de la población vive en las ciudades, es
urbana. Esa migración del campo a la ciudad genera una gran masa de consumidores de bienes y
servicios y también de alimentos que quintuplica la población americana y europea, que era la que
mayor poder adquisitivo tenía. Se esta democratizando el consumo. Poblaciones que hace diez años no
podían consumir hoy tiene poder adquisitivo mínimo para poder hacerlo, cambió la dieta. Hay de
gente que está empezando a comer carne por primera vez.
—¿Pero sólo es demanda de granos? ¿Qué lugar ocupan los biocombustibles en esta
crisis de oferta?
—Las proyecciones de oferta y demanda de la próxima década indican que se
necesitan 100 millones de toneladas más de soja en el mundo, que significan que se siembren 30
millones de hectáreas más. Es la oportunidad para Argentina y Sudamérica. Y la demanda no es sólo
de granos sino de carne bovina, porcina, aviar, fideos y la carne tracciona los granos.
—¿Cómo se posiciona la Argentina en este escenario, en el marco del conflicto que se
está viviendo?
—Hay un gobierno que no va con la posición de un país sino de un grupo de
poder que es el matrimonio Kirchner cuya política agropecuaria es la de consolidar el poder
político, aunque tenga que sacrificar el país. No se está aprovechando la coyuntura internacional.
Se está actuando en forma irresponsable al frenar las exportaciones, en un momento en que el mundo
necesita alimentos. Hay un sector de población mundial a la cual la suba de alimentos agrícolas le
está provocando serios trastornos. Está en la agenda del Grupo de los 7 (G7) que no quiere que en
el mundo crezca la hambruna.
—Pero el argumento oficial es que la política es para que no se disparen los precios
internos.
—Es un argumento muy infantil poner límites para que no suban los precios
a nivel interno. Un país que produce para 500 millones de habitantes intenta salvar 38 millones de
habitantes. En ningún momento la dirigencia fue contra esos 38 millones, ya que van a tener los
productos a precios razonables. Lo están haciendo para demostrar el poder. Las exportaciones están
cerradas y la población no está consumiendo barato. Si no, la pregunta es cómo están haciendo
Brasil y Europa teniendo abierta las exportaciones. Lo que tiene que hacer el gobierno es generar
puestos de trabajo y poder adquisitivo y salario a los trabajadores, no igualar para abajo. La
actitud de cerrar las exportaciones pensando que la sobreoferta iba a bajar los precios no ha sido
la acertada. Deberían reconocer que se equivocaron porque los precios internacionales subieron más
que el aumento de las retenciones y como segunda medida la producción de maíz, de carne, sobre todo
carne y leche, requiere de un tiempo. Se ha liquidado en 48 horas lo que lleva una década en
consolidarse, sobre todo por un cuestión biológica.
—¿Desde su perspectiva, cómo se resuelve el conflicto?
—La resolución es muy sencilla, liberar la exportación, bajar retenciones
en 5 por ciento o lo que sea necesario, pero transmitir a la sociedad, como una señal fuerte, que
se quiere un país que aumente la producción, las exportaciones y aumente la oferta para los
argentinos a precios bajos. Así el año que viene habrá 120 millones de todos los productos y 1
millón de toneladas de carne para exportar.