“La red 5G va a ir mucho más allá de la conexión de teléfonos, vamos a tener conectadas infraestructuras de servicios públicos e industrias, va a ser la parte neurálgica de una sociedad, de una economía moderna", consideró Enrique Carrier, analista de mercado de telecomunicaciones y nuevos medios y director de la consultora Carrier y Asociados.
La tecnología 5G volvió a estar sobre la mesa de discusión en Argentina luego de que el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) aprobara la convocatoria para la licitación del espectro radioeléctrico para la prestación de servicios con tecnología 5G, considerada como una plataforma indispensable para la industria 4.0 y las ciudades digitales.
Si bien las empresas aseguraron en reiteradas oportunidades que estaban listas para su implementación, en las últimas promovieron la postergación de la decisión que tomó el Enacom. La resolución es licitar un total de 300 megaciclos (MHz) en las bandas de 3300-3600 MHz, en tres lotes de 100 MHz cada uno. La intención es que cada uno de los tres operadores de servicios de comunicaciones móviles que tienen presencia nacional, accedan a un bloque.
Para entender la relevancia del tema es indispensable saber la diferencia del 5G respecto de lo conocido hasta el momento. “G es generación, 1 G no se lo llamo así, después sí vino 3G y 4G, que es lo que estamos utilizando ahora”, recordó Carrier. Hasta este nivel, la tecnología estaba dirigida específicamente a los individuos, a través de un teléfono celular. “De los mensajes de texto evolucionamos a la navegación, últimamente el vídeo, etcétera”, detalló. Y explicó que “la diferencia con 5G es que si bien sirve para conectar teléfonos en realidad su gran diferencial está en la conexión de objetos”.
Cuando se habla de objetos se está hablando de sensores, interruptores, máquinas que operan conectadas a una gran red que puede ser, por ejemplo, desde medidores de gas para llevar la contabilidad de cuánto consume cada hogar, hasta usos más sofisticados. “Todavía hay mucho en desarrollo, ejemplos clásico son los cirugía a distancia o de los automóviles conectados, son posibilidades nuevas que se abren con esta tecnología”, indicó.
La tecnología 5G no implica un cambio fundamental en el uso de los teléfonos pero sí de todo este abanico de nuevas aplicaciones. “No se trata sólo de disponer de una red que va a dar más velocidad y mejor tiempo de respuesta, estamos viendo algo que requiere, además, desarrollo de sistemas que integren estas nuevas funcionalidades”, señaló Es decir, se requiere “madurez de un ecosistema que no depende exclusivamente de las empresas de telefonía que ponen la red sino que va a depender más de los clientes y del uso que hagan de estas tecnologías y de cómo la puedan ir absorbiendo e incorporando a sus distintos procesos”.
Carrier se refirió a las experiencias de otros países, como Brasil, donde estuvieron más de dos años trabajando en cómo sería la propuesta para el desarrollo de esta nueva tecnología. “Acá lo que se hizo fue avanzar rápidamente y sin mucho consenso, no hablo exclusivamente de los operadores sino de llamar a otros interesados para tratar de diseñar un proceso de asignación del espectro, que es el aire que se utiliza para estas transmisiones”, indicó. No se convocó, dijo, a empresas usuarias y pymes de telecomunicaciones a lo largo de todo el país, que están involucradas en el tema. “Lo que hubo fue una propuesta que en el fondo es principalmente recaudatoria”, apuntó.
Según Carrier, esa urgencia se tradujo en que la convocatoria tampoco tiene grandes exigencias para los operadores. “Cuando se hace algún este tipo de licitación, hay ciertas obligaciones que fija el Estado, pero acá hay una gran demanda de dinero y muy poca exigencia en términos de cuánto tiempo hay que tomarse para desplegar la red y cuántas antenas tiene que haber”, resaltó.
En ese sentido, consideró que no es conveniente apurar la llegada de la tecnología 5G. “Si las demandas en términos de pago son muy altas, esa plata en el fondo sale de el presupuesto que tengan previsto las empresas para invertir es 5G. Si yo tengo 100 dólares para 5G y en vez cobrarme 10 para el espectro me cobras 40, a mí me va a quedar menos para desarrollar la red. Porque en realidad el espectro por sí solo no tiene valor, empieza a tener valor a partir del momento que tenés la red. Acá estamos hablando por operador de miles de millones de dólares, no de cientos, evidentemente estás restando fondos por un lado”, relató.
También consideró una contradicción que un Estado que declaró a las telecomunicaciones como un servicio público no contemple la reinversión en el sector de ese pago muy grande que va al fisco. Por ejemplo, creando un fondo del servicio universal para subsidiar conectividad en zonas no rentables. “Se mezcla esta necesidad imperiosa de caja que tiene el gobierno pero no hay detrás un plan pensado”, indicó.
Sobre las empresas que pueden intervenir en el proceso licitatorio, Carrier explicó que se determinaron tres lotes, con un piso de cada uno de u$s 350 millones, lo cual totalizaría u$s 1.050 millones. “Hay que tener presente que es casi imposible que aparezca un cuarto operador porque estás hablando de un mercado muy maduro, de hecho en muchos países tenés una tendencia que haya cada vez menos operadores, justamente las grandes inversiones que hay detrás”, describió.
Por otra parte, el analista se refirió a la disputa que aparece en el plano internacional sobre la tecnología 5G y la participación de China y Estados Unidos en el negocio. ¿Es exagerada esa tensión? “A veces se mezclan un poco las cosas. La lucha geopolítica entre Estados Unidos y China se ve reflejada en el caso de 5G particularmente con Huawei, que es el principal fabricante de los equipos que se usan para estas redes, pero la elección de la tecnología es de los operadores y no del gobierno. Inclusive en nuestro país, la ley argentina digital dice en su primer artículo que va a ser neutral desde el punto de vista tecnológico”, resaltó.
Carrier explicó el conflicto geopolítico en torno del 5G por las posibilidades de sabotaje, más que de espionaje. “Estados Unidos no quiere que ellos mismos y sus aliados dependan de una infraestructura que es de su rival geopolítico y eso está detrás de todas las limitaciones que hubo primero de Estados Unidos y que después se fue trasladando a distintos países, como Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Inglaterra, y más tarde a la comunidad europea, Japón y Corea”, djo. Y consideró que Argentina está “un poco fuera de esa discusión más allá de los intereses comerciales que pueda haber de cada lado”.
Para el consultor, teniendo en cuenta los condimentos internacionales y los tintes locales, Argentina debería desarrollar una propuesta “más trabajada con el resto de la industria y el resto de los interesados y no únicamente que salga del gobierno”. De todos modos, también expuso sus dudas sobre el destino del llamado a licitación porque “ya hubo algunos planteos, por ahora a nivel administrativo, pero que podrían escalar a nivel judicial”.
“Hace falta toda una evolución del ecosistema, tampoco es que hay tanto apuro, hoy no tenemos los problemas que sí hubo cuando se lanzó 4G, un momento en el que las redes móviles que estaban totalmente colapsadas", resaltó Carrier.
En suma, el analista consideró que "hoy no hay una urgencia" y llamó a “abordar el tema desde el punto de vista de importancia que requiere”.