Literatura infantil

Una niña y un lápiz

El rosarino Federico Levin, quien hace mucho vive en Buenos Aires, escribió el texto de una obra de singular belleza destinada a los pequeños, publicada por Limonero. En diálogo con Cultura y Libros contó su historia y aseguró que la tecnología no es enemiga de la lectura

Domingo 15 de Agosto de 2021

Los libros infantiles suelen aportar una dosis de aire fresco entre la previsibilidad de muchas novedades bibliográficas. Padre de una nena de cinco años, quien firma esta nota bucea habitualmente en esas aguas y hace poco se topó con una obra de rara belleza escrita por un rosarino, Federico Levin. Una niña con un lápiz –tal su nombre– le gustó tanto a quien lo leía en voz alta como a la que lo escuchaba arrobada.

Federico, resulta ineludible comenzar con una pregunta sobre tu rosarinidad. ¿Cuál es tu vínculo actual con la ciudad donde naciste en 1982? ¿Por qué razón partiste a Buenos Aires, donde vivís hace largo tiempo?

–Nací en Rosario y al poco tiempo mi familia se mudó a Buenos Aires, a donde vivo desde entonces. Según cuenta la leyenda familiar, mi madre vivía en Rosario, mi padre en Buenos Aires, y él viajaba varias veces por semana de una ciudad a otra, hasta que una noche tuvo un accidente en la ruta y tuvieron que decidir un lugar definitivo donde instalar a la familia. Ahora que lo escribo, advierto algunas inconsistencias en el relato, pero bueno… Lo cierto es que así empezó mi vida en Buenos Aires aunque, cuando tuve la autonomía espiritual como para decidir mi equipo de fútbol, no acepté la propuesta de mi padre y me declaré de Ñuls, club al que iban mis hermanas mayores y que quedaba a pocas cuadras de mi casa natal. Con el tiempo, mi fanatismo por Ñuls se convirtió en un eficaz homenaje a esa vida que pudo haber sido y no fue, una puerta vaivén entre mi historia real de porteño y la otra historia que tal vez se desarrolle en un universo paralelo.

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Federico Levin.

Federico Levin.

–Me gustaría que nos contaras algo de tu formación como escritor. ¿Hubo alguna lectura o influencia personal que disparara tu vocación?

–Empecé a escribir muy muy chico, así que no tengo del todo claro cuál pudo haber sido el detonante real, pero hablando de mitologías familiares, puedo arriesgar una diada inicial: Las mil y una noches, por parte de madre; Italo Calvino por parte de padre. Y, como síntesis y empuje definitivo, las miles de historias improvisadas de mi abuela.

Antes de incurrir en el género llamado “infantil” publicaste poesía y novelas policiales. ¿Cómo se vinculan entre sí terrenos tan distantes?

–Sí, también escribí novelas “experimentales”, realistas, ensayos, cuentos, canciones, y aparte soy guionista. Supongo que son terrenos que se intersectan en mis ganas irresistibles, a veces inexplicables, de leer y escribir, y de reflexionar sobre esos haceres. Cada género, cada lenguaje, permite elaborar distintas partes de la experiencia, y/o a descubrir respuestas distintas a esas preguntas que anidan en las regiones más recónditas del espíritu.

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Una niña con un lápiz tiene una fuerte carga imaginativa, gran poder de síntesis y un mensaje. ¿Por qué elegiste como personaje a una niña y no a un niño?

–Para serte absolutamente sincero, en mi proceso creativo no existe la instancia de “elegir” el género del personaje. Ya vienen con esa y otras cualidades incorporadas en las ganas de escribir “eso” y no otra cosa. Tengo dos hijas y la historia se me ocurrió improvisando con ellas, así que la nena ya era nena cuando el cuento comenzó a rodar. Está claro que también podría haber sido un nene, algunas historias que les invento tienen protagonistas nenes, pero bueno, se dio así: supongo que cada vez que uno narra ecualiza intuitivamente el grado de identificación que deber tener la historia con uno mismo y con los receptores inmediatos.

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¿Creés que la tecnología puede influir negativamente en el deseo lector de los chicos?

–No lo creo. La tecnología permite también que les niñes se conecten con historias, con voces y con estilos que jamás conocerían de otra forma. No alcanza con las historias de papá y mamá, hay un mundo enorme de historias y, si la curiosidad está, y se aprende a encauzarla, la tecnología puede ser más una aliada que una mala influencia. Eso es lo que pienso al día de hoy. Tal vez más adelante piense otra cosa.

Una niña con un lápiz es, también, un bello objeto, y no solo por los magníficos dibujos de Nico Lassalle sino también por la calidad de la edición. ¿Sobrevivirán los libros en papel, o las pantallas van a devorar el mundo?

–No sé. Por lo pronto, nunca antes la tecnología estuvo tan presente como hoy, y es notable que al mismo tiempo han florecido proyectos editoriales maravillosos, que hacen unos libros de una calidad extraordinaria, como la que se puede ver en este libro y todos los libros de Limonero, equivalente a la de muchísimas otras editoriales. Así que, al menos mirando lo que pasa en el presente, no me da la impresión de que haya un choque de fuerzas, sino al contrario.

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La última: ¿a qué autores recomendás, cuáles son tus “imprescindibles”?

–Una lista inmediata y bien variada de autores que disfrutamos leyendo en casa, entre escritores e ilustradores: Roal Dahl, Graciela Montes, Wolf Erlbruch, Magali Le Huche, Marie Kanstadt Jonsen, Nicolas Schuff, Mariana Ruiz Johnson, Ruth Kaufman, Kasparavicius… Y, en todos los géneros y ámbitos de la escritura: Mario Levrero.

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