Cultura y Libros

Saer vuelve a la vida en un muro de Serodino

Sobre un galpón ferroviario del pueblo natal del recordado novelista, autor de Cicatrices y El limonero real, un artista plástico plasmó la imagen de su rostro

Domingo 23 de Junio de 2019

Sobre un galpón ferroviario del pueblo natal del recordado novelista, autor de Cicatrices y El limonero real, un artista plástico plasmó la imagen de su rostro

Conmueve mirarlo.

Es el rostro del creador de Cicatrices, de El entenado, de El limonero real, de Glosa, de Nadie nada nunca, de La grande.

Observa de frente al campo santafesino, ese campo que fue su paisaje.

Sus ojos se pierden en el horizonte.

La voz de Juan José Saer (1937-2005) ya no se escucha en los cafés de la capital provincial, pero sigue vibrando inconfundible en las páginas que dejó escritas para siempre.

Ahora, desde el muro de un galpón ferroviario de Serodino, el pueblo donde nació, nos contempla con su mirada entre irónica y melancólica.

El que lo plasmó sobre esa superficie es el artista plástico santafesino Andrés Iglesias, que empezó firmando sus grafitis con el seudónimo Niño de Cobre —por los dibujos animados de los Halcones Galácticos— hasta convertirse, finalmente, en Cobre.

La imagen sobre la cual trabajó fue tomada por el fotógrafo David Fernández en noviembre de 2003, durante la última visita del narrador a su pueblo natal, en noviembre de 2003.

Apenas dos días y medio demoró Cobre en terminar su obra: arrancó el domingo 9 y culminó el martes 11 de junio.

El mural del recordado escritor es parte de una serie de acciones que están realizando el ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe con el programa Año Saer y la comuna de Serodino para difundir la vida y obra del creador.

Lo curioso fue que Iglesias le confesó a un diario porteño que nunca pudo concluir la lectura de un libro de Saer. "Se necesita mucho tiempo para leer su obra. Hay que prestar mucha atención y me cuesta no dispersarme —confesó—. Mi mamá es profesora de literatura y mi papá de filosofía, así que Saer estuvo siempre presente en casa. Aunque yo no lo haya leído, soy muy consciente de su obra".

Las pruebas, por supuesto, están a la vista.

Ún tránsito exitoso

desde la poesía a la novela

El funeral de Lolita, de Luna Miguel. Lumen, 192 páginas, $549.

"No sé ni siquiera si estás viva, pero tenía que decírtelo: Roberto ha fallecido esta mañana en...", dice el mensaje de Rocío, una antigua compañera del instituto, y el corazón de Helena da un vuelco. Igual al día en que advirtió que se había enamorado de su profesor de literatura. Ahora tendrá que enfrentarse a su muerte y a sus recuerdos. Con esta novela, Luna Miguel confirma ese gran talento para elegir las palabras que ha marcado su poesía y se revela como una magnífica narradora.

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