Cultura y Libros

John Berger, el hombre que sabía mirar (y escribir)

Sobre los artistas, cuyo primer volumen ya se distribuyó en la Argentina, es una brillante recopilación de los textos sobre pintura del gran novelista y ensayista británico.

Domingo 13 de Mayo de 2018

En este presente en el que una profunda incultura se extiende sobre la humanidad como una mancha imparable, sin hacer diferencia entre clases sociales, la palabra de John Berger se yergue como un faro. Solitaria, sin duda, tal cual la imagen lo indica. Y también, de acuerdo con esa misma imagen, luminosa.
Para alegría de quienes admiran la obra del gran novelista y ensayista británico que vivió gran parte de su vida en la Francia rural, Gustavo Gili ha lanzado al mercado una recopilación en dos volúmenes de sus textos sobre pintura, materia en la que Berger era un especialista. En España acaba de salir a la venta el volumen dos de Sobre los artistas; en la Argentina, se consigue por ahora el número uno, que es el objeto de este comentario.
Berger (Londres, 1926-París, 2017) fue, en todos los sentidos, un creador ―y un hombre― que nadó con valentía contra la corriente. En la Argentina fue muy leída su controvertida novela G, publicada en 1973 por Sudamericana en su recordada colección Índice (oh, aquella época en la cual los argentinos traducíamos los libros, y no los beneméritos habitantes de la península ibérica): aún recuerdo ese libro sobre el escritorio de mi padre (aunque lo había comprado mi madre). Después, ya en otro tiempo, también fue muy valorada la trilogía narrativa integrada por Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag, editada por Alfaguara, una precisa incursión en el mundo del campesinado del Viejo Continente, al que el escritor amaba ("la vida rural como una forma de dignidad humana en vías de desaparición", escribió una vez).
Sin embargo, Berger no sólo es reconocido por sus ficciones; sus ensayos suelen ser memorables. Su tema, o más bien la obsesión que los cruza, es la mirada.
Aunque él detestaba que lo tildaran de "crítico de arte", es de esta manera que funcionan los textos de Sobre los artistas, libro de precio amigable para la calidad con la que está editado: desde los anónimos creadores prehistóricos que iluminaron los muros de la cueva de Chauvet (hacia el 30.000 antes de Cristo) hasta Cézanne (punto final de este volumen, el dos llega hasta la actualidad), la lista de pintores analizados incluye entre otros a Piero della Francesca, Mantegna, El Bosco, Durero, Miguel Ángel, Tiziano, Caravaggio, Hals, Velázquez, Rembrandt, Watteau, Goya, Turner, Géricault, Millet, Courbet y Degas, es decir, lo más trascendente de la plástica occidental.
Lo que Berger logra con su aguda visión es limpiar la obra de los maestros de la telaraña de la costumbre. Y así, nos la devuelve recién hecha, con el color aún latiendo y las figuras, casi, en movimiento.
Lúcida y certera, la perspectiva que desarrolla parte del contexto en el cual los creadores produjeron su obra: "En su madurez, a Rembrandt le tocó vivir un clima de fanatismo económico e indiferencia no muy distinto del que se vive hoy", dispara, a modo de ejemplo. O bien: "Goya es el primer artista moderno por su inquebrantable manera de tratar, a principios del siglo XIX, el horror y la brutalidad".
Profundamente enamorado de aquello que describe, Berger siente repugnancia por la época en que vive ("la posmodernidad no suele tener en cuenta la compasión" y "se han acostumbrado a evitar todo lo cercano", dice) y defiende con coraje los valores que lo sostuvieron en pie en un mundo indigno de su talento y su ética. Porque como él mismo escribió: "El artista, aislado, sabe que su máxima responsabilidad es luchar por decir la verdad".

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