Hay que aprender a silbar en
Por Rubén Echagüe
Marcelo Bustamante
Hay que aprender a silbar en
soledad, porque la ley no
escrita es ¡sálvese quien pueda!
Para acompañarse en medio
de la noche, mejor silbar
una melodía estúpida,
(nadie dice que sea
una de Brahms, de Chopin
o de Giuseppe Verdi).
Dos o tres notas, nada más,
inconexas… inaudibles casi…
Que nazcan y mueran, una tras
otra, en la vecindad
todavía móvil, todavía
reconocible de los labios.
(No digo fumarse un cigarrillo,
por eso de los francotiradores).
Pero una melodía tonta,
sigilosa, raquítica, tal vez sea
lo único que puede funcionar
(en medio de la noche)
como chaleco antibalas.




