Cultura y Libros

El eterno abrazo entre palabras e imágenes

En su libro Cien años de cine y literatura santafesina, Paulo Ballan hace una incursión profunda en un territorio tan rico como inexplorado. Un diálogo que revela anécdotas y curiosidades.

Domingo 17 de Febrero de 2019

Paulo Ballan compara con un "río torrentoso que incluye arte, creencias, mitos, valores y disvalores, agua cristalina y barro" esa construcción dinámica que algunos llaman identidad cultural, nutrida de producciones literarias y audiovisuales que revelan diferentes matices de nuestra historia. Esa convicción se advierte en su libro Cien años de cine y literatura santafesina, recientemente publicado por UNR Editora.

Licenciado en comunicación social, profesor en la UNR y la UAI, Ballan pudo llevar a cabo esta investigación gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes en 2015 y el apoyo del Programa Estímulo Espacio Santafesino el año pasado. El rastreo lo llevó a reunir información sobre treinta escritores santafesinos y más de sesenta largometrajes de ficción, de una u otra manera relacionados con la obra de esos autores.

¿Qué te llevó a encarar esta investigación?

—Siempre me interesó el campo de la cultura popular, las relaciones interculturales y la discusión en torno a los bienes simbólicos. Cuando ves la biblioteca que vas armando a lo largo de los años encontrás vasos comunicantes, yo descubrí que había una búsqueda por la literatura local y por construir una mirada desde este lugar. En 2011 hice la página web www.territoriodeletras.com, suerte de biblioteca oral sobre poetas santafesinos contemporáneos, con la que empecé a recorrer la geografía poética y sensible de la provincia. Algunos se sorprendían de que hubiera tantos poetas en Rosario. Ahí me di cuenta de que había mucho para explotar poniéndome en el lugar de comunicador social, queriendo dinamizar bienes culturales. Finalmente, al hacer un recorte sobre cine y literatura en la década del sesenta, me llamó la atención que casi no había bibliografía al respecto. Entonces pensé en hacer un trabajo abarcativo.

¿Por qué prescindiste de documentales y cortometrajes?

—Cuando me puse a investigar en un sitio web dedicado al cine nacional, haciendo un recorte me quedé sólo con los largometrajes de ficción. Eran tres mil. En algunos casos no se aclaraba si estaban basados en obras literarias o si el argumento original correspondía a un texto inédito. Hubo que pasar por varios filtros, analizando una por una cada ficha técnica. También había ejemplos de películas que terminaron inspirando una obra escrita, al revés de la Biblia: primero fue la imagen, después la palabra. Como El último malón, de Alcides Greca, que derivó en la novela Viento norte. O el cuento de Eduardo Gudiño Kieffer de Ta te tías en el que se basó el film La hora de María y el pájaro de oro, después de lo cual se escribió una novela.

¿Te costó conseguir algunas películas?

—Sí. Palo y hueso pude verla gracias al cine El Cairo. Algunas las he sacado de la EPCTV o las encontré en youtube. Me he comunicado varias veces también con el Museo del Cine, pero no fue tan sencillo. De algunas no existen copias.

Es interesante tu abordaje de algunas figuras polémicas como Hugo Wast, observaciones como la de que el cine de Luis Saslavsky y Daniel Tinayre "oscilaba entre lo refinado y lo popular" o los ecos de Poe en La mano en la trampa. Hay también un rescate de autores que no suelen tomarse como referentes de la literatura santafesina. ¿Creés que puede haber una tendencia a destacar a ciertos escritores en detrimento de otros?

—Saber qué buscar, preguntarse qué es la literatura santafesina, son construcciones que uno va haciendo. ¿Escritor santafesino es alguien que nació en la provincia? Entonces Hugo Wast no, pero estudió abogacía en Santa Fe y se presentó como candidato a vicegobernador, o sea que para la Constitución provincial era santafesino. Lo que noto es el funcionamiento invisible de la industria editorial y cultural que construye determinadas identidades. Todo lo que llega de Buenos Aires es visto como "cultura nacional", mientras que las producciones que se hacen en el resto del país terminan siendo cultura folklórica o regionalista. Ahí hay una mirada muy sesgada. Es interesante comprender las diferentes pautas culturales de la cultura "del interior", que caen en un olvido absoluto. De la novela de Saslavsky A sangre fría, por ejemplo, hubo una sola edición en 1943. Entonces tuve que hacer un trabajo bastante anfibio: por un lado buscar en el mundo digital y por otro recorrer librerías de usados, hemerotecas y bibliotecas. Sobre Wast pesa una suerte de olvido o ninguneo por una cuestión ideológica: cada vez que preguntaba por él todos tenían la necesidad de aconsejarme "Uh, pero Wast tenía un pensamiento…". Tuve que imponerme la lectura de su obra, lo cual no dejó de ser un descubrimiento porque encontré material muy interesante para analizar, criticar e incluso valorar. Leyéndolo uno puede discutir muchas cosas de la historia, la literatura y los gustos populares. En Francia existe una discusión similar sobre Céline por su pensamiento nazi.

Es curioso que hayas tomado al Che Guevara como autor.

—Saber que iba a hacer un ensayo y no un libro académico ni un catálogo me hizo sentir muy cómodo, porque me permitía incorporar anécdotas, reflexiones y preguntas que interpelen al lector. Entonces, ¿podemos pensar al Che como escritor? Ya mucha gente venía haciéndolo. Por eso cito a Eduardo Galeano y Ricardo Piglia, que ubican sus trabajos dentro de ciertas corrientes del pensamiento. Recordemos que fue periodista y escribió notas para El Gráfico. En su escritura hay una riqueza para valorar.

Al final del libro estimulás el contacto con los lectores dejando un correo electrónico.

—Es que no lo veo como una comunicación cerrada. Todos mis alumnos me preguntan cuánto tiempo tardé en escribir el libro, algo difícil de establecer, porque el análisis de las películas me remitía a lecturas y charlas de años atrás, a anécdotas que me había contado mi abuelo. Libertad Lamarque vivía en Ituzaingo y España, Alcides Greca tenía su productora audiovisual en Pellegrini 1955… Me interesa hacer una construcción de lo nacional desde lo local y sentir que uno forma parte de esa historia de las ideas. Por eso abro ese contacto con el lector.

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