Historias

El amor de Rosa Guarú

Un texto sobre la que muchos creen fue la verdadera madre de San Martín

Domingo 15 de Noviembre de 2020

UNO

Cuentan que antes de morir, a los 112 años, entre 1872 y 1875, pidió ser enterrada con una bolsita de género. Cuentan que dentro de esa bolsita había un relicario con una foto de José de San Martín y un mechón de su cabello de niño. Y cuentan que también había un pequeño papel con el nombre de Juan Anzoátegui, un oficial paraguayo que, habiendo estado de paso, le había referenciado a Rosa Guarú o Rosa Cristaldo, tal su apellido cristiano al ser rebautizada, que el general José de San Martín había llegado a ser un militar muy importante y había muerto en el exilio.

DOS

Juan de San Martín y Gómez, oriundo de Palencia, era un militar de baja estatura, cabello castaño claro y ojos celestes que arribó a Buenos Aires, en 1764, a los 36 años de edad. En 1770 arregló su matrimonio con Gregoria Matorras, oriunda también de Palencia, de 32 años, casándose por poder y comenzando el vínculo en momentos en que San Martín administraba la estancia y calera de Las Vacas, sobre la costa oriental del río de la Plata. En ese período tuvieron tres hijos: una mujer y dos varones. Dadas su dotes de buen administrador, Juan de San Martín fue trasladado, convirtiéndose en teniente gobernador de uno de los departamentos en que se dividió una región con base en Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, fundada en 1627 y que llegara a tener ocho mil habitantes. En abril de 1775 asumió el cargo, naciendo el cuarto hijo de la pareja en 1776.

TRES

Diego de Alvear y Ponce de León nació el 13 de noviembre de 1749 en Montilla y en 1770 inició su carrera en la Armada afianzándose como observador científico. En 1774 arribó a Montevideo, logrando que lo ascendieran a teniente de fragata en 1777. Fue nombrado para integrar las comisiones demarcatorias de límites sobre la cuenca de los ríos Paraná y Uruguay. En esos tiempos y dedicado a sus tareas fue huésped de Juan de San Martín, en la localidad de Yapeyú, alojándose en la residencia principal o en dependencias próximas a la casona.

CUATRO

Rosa Guarú, una joven guaraní de unos 17 años, atendía a los hijos de Juan de San Martín. “Rosa Guarú / corzuela / sin estar en sazón / será desazonada”. Así escribió y describió la gran escritora Elena Siró en su Cantata a Pepe Pancho a Rosa Guarú, esa joven guaraní que andaba por la casona de Juan de San Martín y Gregoria Matorras.

CINCO

Cuentan que Diego de Alvear, cuando supo que Rosa Guarú había sido madre de un varón, se preocupó por el niño y no pudiendo reconocerlo, sin que se viera empañada su reputación, solicitó a Juan de San Martín que lo adoptara como propio. Y también manifestó su intención de hacerse cargo de los gastos de su instrucción, tal que le permitiera a ese niño desarrollarse con la educación necesaria. En esos primeros tiempos Rosa Guarú lo crió, cuidó, cobijó y amamantó bajo el enorme higuerón de la plaza de Yapeyú.

SEIS

En 1780, Juan de San Martín es relevado de su cargo y parte, junto a su familia, a Buenos Aires. Cuentan que Rosa Guarú, alguno de los días de ese tórrido mes de enero, vio por última vez a José Francisco, su hijo. En 1783, a bordo de la fragata Santa Balbina, la familia, finalmente, emprende el viaje a España. Juan de San Martín murió en 1796, en Málaga. Ese mismo año, José de San Martín comenzó la carrera militar en clase cadete del regimiento Murcia.

SIETE

Diego de Alvear, ya habiendo conformado un matrimonio y teniendo nueve hijos, en 1804, parte hacia España. Por cuestiones de orden militar, debiendo cubrir un puesto de jerarquía en un determinado navío de la flota de viaje, embarca, junto a su hijo Carlos, que ya era cadete del Regimiento de Dragones de Buenos Aires, en la fragata Medea. En la fragata Nuestra Señora de las Mercedes embarcó su esposa, María Josefa Balbastro, junto al resto de los hijos de la pareja. El 5 de octubre de ese año, la flotilla española se cruzó con un grupo de naves de bandera inglesa y, pese a que estas naciones estaban en paz, se generó una escaramuza intimidatoria y la Mercedes fue alcanzada por unos cañonazos hundiéndose y es así que Diego de Alvear pierde a toda su familia, menos a Carlos María -segundo nombre asumido en honor de su madre fallecida-, que estaba junto a él, perdiendo además todas sus pertenencias y la riqueza acumulada en su estadía en América.

OCHO

En octubre de 1811, Carlos María de Alvear y José Francisco de San Martín fundaron la logia Nº 7 y organizaron su viaje a Argentina, para lo cual renunciarían a sus cargos militares, elevando la solicitud de retiro a las autoridades españolas. En enero de 1812 embarcaron en la fragata George Canning. Diego de Alvear escribe a sus parientes de Buenos Aires, anunciando el arribo de “sus hijos” a las tierras americanas del sur.

NUEVE

Y este fue el inicio de todo, el inicio de todo lo que la historia ha contado. Carlos de Alvear y José de San Martín arribando a Buenos Aires, arribando al sueño de la liberación, arribando a la concreción del sueño de la liberación de estas tierras del sur, arribando a todo lo que vino después. Y, además, arribando a las diferencias que finalmente separarían a estos hombres hasta el final de sus vidas.

DIEZ

María Joaquina de Alvear y Sáenz de la Quintanilla fue hija de Carlos María de Alvear y su deseo, pese a las diferencias de su padre con el general José de San Martín, era conocer al gran prócer. Habiéndose casado, en 1848, con un rico comerciante, Agustín de Arrotea, y habiéndose radicado por algún tiempo en Francia, visitó a San Martín cuando éste estaba sobre el final de su vida. El 22 de enero de 1877, en Rosario de Santa Fe, Joaquina de Alvear redacta un manuscrito donde deja asentadas algunas palabras para la eternidad: “Cuando en Europa, por primera y última vez vi y conocí al general San Martín, la primera impresión fue dolorosa. Era toda una fortaleza que se deshacía, eran Chacabuco y Maipú que se marchaban a mejor vida, dejando su nombre grabado en el templo de San Lorenzo, en la grande victoria alcanzada por su famoso escuadrón de granaderos a caballo. Y examinándolo bien encontré todo grande en él, grande su cabeza, grande su nariz, grande su figura, y todo me parecía tan grande en él, cual era grande el nombre que dejaba escrito en una página de oro de nuestra historia, y ya no vi más en él que una gloria de su patria que se desvanecía para no morir jamás. Este fue el general San Martín y su cuna fue el pueblo de Misiones, hijo natural también del capitán de fragata y general español Don Diego de Alvear y Ponce de León -mi abuelo-. Yo, Joaquina de Alvear Quintanilla y Arrotea, declaro ser nieta del capitán de fragata general español señor don Diego de Alvear y Ponce de León. Soy hija segunda del general Carlos María de Alvear. Soy sobrina carnal de San Martín, por ser hijo natural de mi abuelo, el señor don Diego de Alvear y Ponce de León, habido en una indígena correntina. Yo por muchos años he ignorado muchos de estos parentescos, y me he encontrado muchas veces con ellos sin saber que lo eran y aparecido ingrata o desdeñosa o ignorante de ellos; y es la razón por que escribo esta cronología, para que a la vez los míos no se encuentren en este caso”.

ONCE

Según dicen que dijo o que pudo haber dicho. Según dicen que se le escuchó decir o que pareció que decía. Según pudo saberse que dijo es que hay palabras que flotan en la historia de los tiempos: “Yo, Rosa Guarú, de apellido cristiano Cristaldo, declaro haber tenido en brazos a José Francisco de San Martín, haberlo acunado bajo el higuerón de Yapeyú. Yo, Rosa Guarú, declaro haber dado el corazón guaraní en la sangre de las venas y el alma al general José de San Martín. Yo, Rosa Guarú, declaro haberlo esperado para siempre y hasta mi último aliento. Yo, Rosa Guarú, declaro que aún sigo cantándole para toda la eternidad «Kunumi querido / lindo kunumi / duerme que a tu lado / vela tupâsy»”.

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