A Emilio Toibero lo conocí en el diario La Tribuna a inicios de los años ochenta. Venía de Santa Fe capital aunque se había criado en Sa Pereyra; tenía amigos en la familia Caputto, dueños del diario de calle Alem, que le tendieron una mano para que se fuera de la ciudad capital, donde, al parecer, no la había pasado nada bien últimamente. Emilio entró a la sección Espectáculos para darme una mano, porque yo había quedado solo tras la partida de Daniel Briguet, quien un año atrás había estado en la misma situación después de que Hugo Diz se fuera y por entonces había ingresado yo en su lugar. Así eran las cosas por aquellos años en el vespertino de la ciudad. Lo cierto es que el Flaco Briguet había partido del pasquín para participar del armado del semanario Rosario, publicación que luego de un año se convirtió en diario, y al cual también yo fui a parar en algún momento. El Rosario fue un verdadero semillero que terminó de germinar años después, por decirlo de alguna manera, en el Decano. Pero esto es harina de otro costal. Quizá en aquellos tiempos oscuros nadie lo supiera pero yo sí lo supe rápidamente: no había en Rosario periodista que conociera tanto de cine como Emilio Toibero y encima escribía muy bien.





























