Cultura y Libros

Cuando el periodista se vuelve escritor

Después de consagrarse con sus agudas crónicas y ganar los premios más importantes que otorga el género, Federico Bianchini reveló una nueva faceta de su trabajo: la de creador de ficciones. Su primer libro de cuentos, Personajes secundarios, tiene al mundo de los sueños como escenario. En diálogo con Cultura y Libros, contó cómo hizo para transitar desde un universo al otro

Sábado 27 de Octubre de 2018

Federico Bianchini compara el oficio de escribir con el de un carpintero. El trabajador de la madera, dice, puede hacer una mesa, una estatuilla. Cuando construye la primera, cuida que los apoyos estén firmes, que haya equilibrio, que no se caiga. Cuando talla figuras, se concentra en lo estético. En uno y otro caso, el carpintero usa la madera que el árbol le da, el cincel y el martillo, pero las decisiones que toma son distintas. Con la escritura, pasa algo parecido. La materia prima es la palabra y desde ahí se pueden escribir cuentos, ensayos, notas periodísticas. A fin de cuentas, dice, escribir no es otra cosa que ordenar palabras.

De profesión periodista, Bianchini se hizo conocido cuando eligió las palabras justas para perfilar al escritor Rodolfo Fogwill, el "viejo" que nadaba despacio y en el mismo andarivel que él, en el club Almagro de Buenos Aires. Desde el El hombre que nada, sus crónicas se publicaron en revistas importantes: Brando, Gatopardo, Etiqueta Negra. Más tarde fue editor de Anfibia, ganador de numerosos premios, profesor y autor de libros que narran el deporte y la vida de hombres y mujeres en la Antártida. Pero antes de eso, Bianchini hacía otra cosa. Acomodaba las palabras tomando decisiones distintas y producía relatos de ficción. Lo hace desde mucho tiempo antes de saber de periodismo, desde mucho antes de elegir ese oficio como medio de vida. Leer y escribir son para él "una de las formas más agradables de evasión" y, acaso por eso, eligió abrir su primer libro de cuentos con una frase de Ray Bradbury: "Mantenerse borracho de escritura para que la realidad no te destruya". Así empieza Personajes secundarios, editado por El Bien del Sauce, que surgió de un proyecto colaborativo de crowdfunding y fue presentado en Rosario con la presencia del autor y los escritores Javier Núñez y Marcelo Britos.

El libro, que reúne once relatos de ficción, tiene al mundo de los sueños como escenario y se interroga acerca de los puntos de vista. ¿Quién es el protagonista y quién un personaje secundario?, se pregunta el autor justo ahí donde el universo de lo onírico vuelve difusa la posibilidad de establecer categorías. Los cuentos narran situaciones de la vida cotidiana que, en un momento, se vuelven extrañas. El clima se va tensando, las escenas se enrarecen y la historia deriva hacia lugares fantásticos o siniestros. En esa atmósfera sombría los personajes secundarios de Bianchini esperan. Esa espera angustiosa que anticipa la tragedia o, a veces, refleja el anhelo de que algo extraordinario cambie sus vidas. Hombres, niños y mujeres vulnerables que, en el deseo de "huir hacia lo onírico, tienen un encuentro brutal con la realidad".

¿Cuál es el universo de tus cuentos?

—Yo creo que, en el fondo, cuando uno escribe lo hace sobre los temas que le interesan. Pienso que escribir es una manera más demorada y reflexiva de pensamiento. O sea que cuando uno escribe, no está haciendo otra cosa que pensar sobre el mundo, sobre lo que cree. Puede haber personajes odiosos y que no tengan nada que ver con vos, pero ya en esa manera de inventar eso, estás posicionándote. Uno no decide demasiado. Abelardo Castillo, que fue mi gran maestro, cuando recibió uno de los premios que le dieron, dijo que cuando tenía treinta años pensaba que un escritor escribía lo que debía. A los cincuenta se dio cuenta de que un escritor escribía lo que quería y en el momento en que le dieron ese premio, cuando tenía ochenta, dijo que un escritor, a fin de cuentas, escribía lo que podía. Hay cosas que uno escribe que tienen que ver con la decisión, con lo reflexivo, y hay muchas otras que tienen que ver con la experiencia. Uno va armando cosas, interrelacionando tramas que, en el momento en que las escribe, piensa que se están construyendo y sin embargo, lo único que está haciendo uno es amalgamar cosas que ya venían escuchadas, pensadas, reflexionadas. No es que uno dice "voy a escribir sobre estos temas", sino que esos temas de algún modo lo constituyen a uno. Son aquellos en los que uno piensa, le interesan, le angustian.

El mundo onírico aparece en tus cuentos como una marca...

—Lo onírico para mí es superinteresante. Es un terreno donde no hay filtros. De alguna manera, en su propio sueño, uno puede llegar a ser un personaje secundario, en el sentido de una tercera persona que va viendo cómo suceden cosas sin demasiada capacidad de intervención. Uno está ahí observando, si bien se puede soñar en primera persona también. No sé si en esto del sueño uno podría establecer categorías de punto de vista porque está todo mezclado, pero es como que el recuerdo uno lo siente o asocia, quizás al despertar, con un narrador testigo, un narrador que ve lo que está sucediendo. En la literatura, al tema de los sueños generalmente se trata de no acercarse demasiado, por miedo a caer en el lugar común de "bueno, se despertó y todo era un sueño". A mí me parecía un buen desafío tratar de narrar eso que es tan etéreo e incomprensible. Más allá de que en realidad no se narran sueños, sino escenas que transitan el sueño como escenario.

O donde el límite entre la realidad, la ensoñación y el delirio es muy difuso.

—Hay un libro muy interesante que se llama Huir a las tinieblas, de Arthur Schnitzler, que es fantástico porque narra el recorrido de un personaje hacia la locura y el personaje no registra eso. Para él es una naturalidad, pero la naturalidad vista desde otro lado puede ser una locura avasalladora. Por eso también esto de los personajes secundarios. A mí me parece que en toda historia hay personajes principales y secundarios, pero si uno corre el lugar desde donde está contando, el personaje secundario, insignificante, que incluso podría ser desechado a los fines narrativos, puede tomar el protagonismo y ser el único importante en otra historia, que de alguna manera es lo que pasa en el cuento que da nombre al libro. Quién es el que está soñando, quiénes son los personajes secundarios y quiénes los principales, depende también para quién. Todos nosotros somos personajes principales en ciertas tramas y a la vez secundarios en otras. En algunas no nos interesa ser parte y en otras lo desearíamos pero, por distintos motivos, no lo hacemos.

En varios cuentos hay una cuota de sordidez importante y la sensación de lo trágico que está por venir...

—Sí, yo creo que ahí hay una idea de huir hacia lo onírico y de un encuentro brutal con la realidad. Por ejemplo en el cuento Una virgen en el ojo (N de la R: en el que se le atribuyen poderes sanadores a un niño al que le sale una mancha en un ojo), para la tía Nelly esa historia es una cosa fantástica y de la que hay que estar agradecida y sin embargo para el narrador lo que se ve ahí es algo totalmente distinto, es una cosa muy desesperanzadora, terrible y sórdida, como bien decías. Es esto de quién cuenta, quién mira, desde qué lugar mira y qué elementos toma para sacar conclusiones respecto de lo que va contando.

En ese y otros cuentos hay personajes que son periodistas y que trabajan en medios venidos a menos o en condiciones precarias. ¿Hay historias que conociste como periodista y las reconvertiste en cuentos?

—A mí me gusta el rol de periodista en fines reales y ficticios porque de alguna manera, y esto también tiene que ver con el epígrafe de Bradbury, cuando uno se mete mucho en una historia hay veces que lo que uno narra es el relato de ciertos personajes. Hace poco entrevisté a una chica que tiene veintitrés años y es prostituta, y ella me decía que le generaba cierta dificultad cuando la contrataba un tipo y entraban a un telo y el tipo, antes de sacarse la ropa, se sentaba en la cama, se ponía a llorar y le decía que la semana anterior había muerto su mujer con la que convivía hacía quince años. Entonces yo le preguntaba cómo resolvía eso y me dijo que a ella le gustaba mucho leer y que, entonces, lo que trataba de hacer era pensar a esos personajes como si fueran de un cuento. Cada uno tiene su relato, me decía, hay algunos que son ficticios, otros que son reales.

Acostumbrado a trabajar desde la crónica, ¿qué experiencia tuviste al escribir ficción?

—Yo creo que son dos juegos distintos y la verdad es que yo, desde antes de empezar a escribir crónicas, escribía cuentos. Me acerqué a la literatura antes que al periodismo y desemboqué en ser periodista por una cuestión práctica, es muy complejo vivir de la literatura. Entonces dije: voy a ver de qué manera puedo acercarme a un oficio que me dé para comer mientras escribo, que es lo que me gusta. A lo largo de todos estos años, si bien publiqué libros de crónicas, notas y perfiles, siempre escribí cuentos, quizás de una manera más discreta. Publiqué algunos en Página/12, en Ñ, en una revista uruguaya muy linda que se llama Lento. Y hace poco estábamos charlando con un amigo, Camilo Sánchez, que es el editor de El Bien del Sauce, y pensamos en la posibilidad de sacar los cuentos. Hubo un tema ahí económico y entonces yo le dije bueno, hagamos un crowdfunding y si se concreta lo sacamos. Finalmente se concretó y también fue una linda experiencia, porque sentía que había alguien del otro lado de una manera inmediata, gente que estaba esperando el libro, que lo lee y me comenta, como un vínculo más cercano con el futuro lector.

¿Cuáles son los autores que te inspiran y te marcaron a la hora de escribir estos cuentos?

—Es una pregunta complicada porque es difícil saber qué te queda a vos después de leer una novela que te alucina o un cuento que te parece fantástico, más allá de una sensación placentera y de idolatría por quien lo escribe. Te podría nombrar a Hemingway, Chéjov, Tolstoi, Philip Roth, Arlt, Saer, autores a los que vuelvo una y otra vez porque disfruto mucho de su lectura. A veces uno dice "estoy influido por" y no, en realidad lo que querés es escribir como esa persona. Yo lo veo más desde el lugar de lector, un poco menos vanidoso. A mí esos autores me parecen geniales y me encantan. Lo otro, no podría decirlo.

¿La publicación de este libro te lleva a partir de ahora a un lugar distinto al de la crónica periodística?

—Yo siempre digo que esto es como lo que hace un carpintero, que a veces hace una mesa y otras una estatuita de madera. La materia prima que utiliza para una y la otra, es la misma. Es un árbol y los fragmentos de ese árbol, y las herramientas que utiliza —el cincel, el martillo— son las mismas. Lo que hace es pensar diferente. Me parece que anda por ahí. A fin de cuentas, escribir no es otra cosa que ordenar palabras.


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});