Vivimos en un sistema económico (a la vez político, social y cultural) que no resiste el menor análisis racional, a pesar de que nació y creció al calor de la razón y la ciencia que nos prometían, encarnadas en la Revolución Francesa, igualdad y prosperidad para todos. Desde que desapareció la "fortaleza comunista" parece que no tiene competencia y reina mundialmente bajo la consigna "¡convierta todo en plata!", sin mirar si el exterminado por su funcionamiento es humano, vegetal, animal, mineral o cualquier otro elemento necesario para la vida. Gracias a esa fiebre aniquiladora, que ya lleva dos siglos como para mostrar resultados indiscutibles, un próspero conglomerado de empresarios, políticos y comunicadores maneja su entorno como si fuera de su exclusividad y pudiera hacer con él lo que se le da la gana. Por encima tienen el paraguas protector de entes fantasmales que en forma casi misteriosa manejan los hilos del planeta (por ejemplo, encarecen el petróleo y los alimentos, y tratan de volver ingobernables las naciones que intentan algo distinto: en América latina y el Caribe, casi todas menos Colombia). Los casos se multiplican cada día y el litigio por las retenciones no es ajeno, pero veamos solamente dos. Uno es el de los emprendimientos mineros extranjeros a cielo abierto en unas cuantas provincias argentinas, que contaminan el medio ambiente de maneras comprobadas hasta el cansancio, pero actúan como quien cavara inocentemente un pozo en el fondo de su casa. Otro, el de las leyes antitabaco, que demoran las medidas "efectivas" de establecer espacios libres de humo y prohibir la publicidad, y se entretienen con limitaciones "livianas" e ineficaces. No importa el dato cierto de que mueren 40.000 argentinos al año por fumar y 6.000 por efectos del humo de tabaco ambiental. ¡Cuántos cálculos electorales y cuánto dinero fácil circulará para que empresarios, gobernantes y comunicadores actúen como si nada ocurriera! ¿Se acuerdan de Brecht? ("Cuando se murió mi vecino pensé que a mí no me iba a tocar. Cuando crecieron los océanos pensé que yo estaba lejos del mar...").

































