La modelo Alejandra Maglietti se hizo famosa a partir de un corto publicitario de papas fritas en el que todos los que la rodeaban pensaban: "la mato", mientras ella hablaba. Como la semiótica y la semántica no son sólo ciencias sino facultades para comprender, los televidentes entendimos que mientras una de sus interlocutoras pensaba "la mato" como sinónimo de "la acogotaría para que se calle", otro se estaba significando: ¿cómo me la revolcaría?, o algo parecido. ¿Por qué, si hasta el último hispanoparlante, incluso una modelo rubia, puede entender con facilidad los distintos sentidos de "la mato", ahora lo están matando a Usandizaga por usar el verbo matar en donde lo usó? Un significado no es una equivalencia del estilo dólar-peso convertible. Si un gobernante "discursea" que hay que hacer un sacrificio, ¿nos estará pidiendo que matemos a alguien y le saquemos el corazón en una pirámide azteca? ¿Una madre que se mata trabajando por sus hijos los deja huérfanos? ¿Alguna vez alguien cumplió al pie de la letra con la imprecación "andá a cagar"? Usandizaga, mientras tanto, aunque un poco asustado por la dimensión nacional del asunto, se complace con que nos entretengamos hablando de esto. O de su otra metáfora, al pedirle esfuerzo a los jugadores porque el se esfuerza todo el día. También debe preferir que hablemos de que es un bocasucia, de su ideología y modales de capataz de ingenio azucarero; de las viejas bravuconadas durante su supuestamente buena intendencia, o de que Central no va a las copas, pero su presidente sí y demasiado. Este es el comentario callejero que más le cierra: "Y, el Vasco es un tipo transparente, cuando se calienta no se puede contener y no se calla nada". ¿Aseveración verdadera o falsa? Falsa en el acontecimiento del otro día. Lo que hizo ante los comensales funenses y los invitados especiales: la selección cubana de pelota vasca, que fue una puesta en escena de demagogia berreta digna de un puntero barrial prebendario que tenía como único objetivo el de desviar la atención de los temas que seguramente le enrostrarían. Entre otros: Usandizaga, ¿para qué lo echó a Madelón? Lo mal que salió la apuesta por Vitamina Carrario, perdón, Sánchez? Los esfuerzos insuficientes para que el bueno de Emiliano Papa siga en Central. Ingrato y maleducado con los queribles Belloso, Castellano y Raldes. Responsable y autor intelectual de la degradación de la comisión directiva. Es decir, lo que él deslizó sin profundizar como "la cuotaparte de los directivos". Si lo que quiso decir es un porcentaje de culpabilidad por estar anteúltimos en la tabla, su cuotaparte es igual y hasta mayor a la de los jugadores. Esperemos, mínimamente, que sea verdad el otro rumor: "Por lo menos no roban".































