Estuve el día domingo por la tarde en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, con mi familia, mis pequeños hijos, mis cuñados, en fin todo perfecto; el ingreso, las explicaciones de la coordinadora frente a la escalera central, muy bien; pasamos a la primera sala que queda a la izquierda de la entrada, algunas cosas un poco fuerte pero el arte es así, hay que entenderlo, en fin creatividad, expresión, etcétera. Ahora la próxima sala que visitamos, la contigua, una sala aproximadamente con 12 a 15 retratos, entre los cuales se destacan un caballero del siglo XV y otro de más o menos la misma época, más los retratos de otras personas de siglos anteriores, entre ellos uno del general José de San Martín. Todo ello sumado a las entendibles explicaciones y justificaciones vertidas por la coordinadora del porqué de la ubicación del conjunto pictórico determinada por su responsable, trataron de hacer una situación cultural agradable; pero ahora bien, poner en la sala aludida y en el medio de la pared que mira a nuestro prócer entre las figuras añosas una colorida pintura contemporánea de grandes dimensiones en la que se representa con una gran vivacidad de colorido respecto de las demás a nuestro héroe Superman dando un beso en la boca a nuestro Señor Jesucristo, y ¿qué quiere que le diga?, por más de los justificados comentarios que me dieran al respecto es de mal gusto; tanto es así que mi hijo de seis años se quedó medio sorprendido de la representación, yo angustiado y San Martín —que está de frente a la misma— no lo podía entender y miraba para otro lado.































