Un gran poeta argentino, de tu similar estirpe, ha dicho que los grandes hombres de la humanidad mueren para volver a nacer. Tú eres uno de esos grandes hombres, a los que en su renacimiento muchos otros han rescatado tu humanidad, tu genial temple de lucha y tu entrañable transparencia. Así también han comprado un fetiche que lo esparcieron por el mundo estampado en miles de objetos de diversa utilidad y con jugosos réditos económicos. Han transformado tu figura tan impetuosamente altanera empachada de humildad en algo que sirve para cualquier cosa y cualquier oportunidad. Según pasen los años nos encontraremos con un "San Ernesto" transformado en una "estampita" al que grandes contingentes hasta se arrodillarán para hacerle promesas y pedirle milagros impredecibles. Sabemos que nunca nadie ha podido elevarse desde su tumba para rescatar su figura con la fidelidad de una verdad absoluta e histórica. No obstante existen quienes, sabedores de tus virtudes hoy ocultadas, se resisten a la banalidad a que te pretenden someter. Estos no necesitan monumentos, tan sólo seguirán tu ejemplo y se empeñarán en construir un nuevo tipo de hombre en una nueva sociedad, y para ello rescatan lo más valioso de tu trayectoria, aunque muchos quieren ocultar, suavizar, desvirtuar y hasta destruir tu condición de haber sido un auténtico comunista revolucionario.
































