¿Qué les pasa, señores taxistas, que cuando un pasajero sube a la unidad y le indica de buena manera que lo alcance hasta el centro, enseguida se brotan y se niegan? ¿Acaso se olvidan que son un servicio público? Esto viene a cuento porque en más de cinco oportunidades al momento de parar un taxi y decirle al chofer que me alcance hasta alguna de las calles del centro sin ningún problema se negaron rotundamente, en tanto otros, muy a regañadientes, accedieron aunque hasta llegar a destino tuve que escucharlos quejarse. Que en las calles hay embotellamientos, que están cortadas, que hay piqueteros, que hay una marcha, etcétera. ¿Qué actitud tomarían estos taxistas si tuvieran que realizar un trámite y al empleado no le gustara el bigote o la barba que tienen y no los atendieran? Seguramente no les gustaría. Señores, recuerden que pertenecen al transporte público, que cobran por el servicio, que es el trabajo que tienen y que deben cumplir de la mejor forma posible, con educación y buena predisposición.































