Por los baños públicos de plaza Sarmiento transitan alrededor de 1.500 personas por día. Mantenerlos limpios y en condiciones es una tarea realmente complicada. Casi a diario hay que destapar las cañerías porque la gente, a pesar de haber tachos de residuos, tira en los inodoros cualquier tipo de elementos: diarios, botellas de gaseosas, vasos plásticos, envases de desodorante y muchas otras cosas. Rompen los caños de agua que conectan los inodoros a la pared, las cadenas no duran más de un día, las arrancan y las tiran dentro de los depósitos, desarman los flotantes y rompen los baños una y otra vez. Las paredes se pintan periódicamente porque escriben leyendas agraviantes con aerosoles que no salen fácilmente, desaparecen las bombitas de la luz, las tapas de los inodoros, las canillas de los lavabos y hasta los tachos de residuos. Conseguir personas que limpien estos baños resulta muy difícil, cada vez que cierran las puertas para realizar la limpieza reciben gritos, insultos y hasta agresiones físicas. Ni mencionar las agresiones que padecen cuando desalojan a personas que utilizan los baños con otros fines. Entonces me pregunto ¿por qué siempre se cae en lo más fácil y se hace responsables a los concesionarios y a la Municipalidad? En este caso, todo el esfuerzo que se hace por mantener los baños en condiciones aceptables resulta casi imperceptible. En cuanto a la seguridad, hasta el momento en que estaba la garita de policías en la esquina había control y seguridad, pero desde que la sacaron toda la zona es tierra de nadie. Igual que los baños públicos de la plaza Sarmiento, como no son de nadie, a nadie les interesa cuidarlos.































