Lionel Messi

Lionel Messi, mi ídolo

Martes 17 de Agosto de 2021

Para llegar a sentir esa admiración, uno tiene que haber recorrido un camino con el corazón. Una pasión, es aquello por lo que uno disfruta y admira. Cuando llegué a España por aquellos tiempos, en el 2000, no me identificaba con ningún club de fútbol en especial. Con el pasar del tiempo, Leo Messi era cada vez más escuchado en España. Ponía atención cada vez que se hablaba de él, y no podía evitar decir “ese muchacho es argentino, de Rosario, a 20 minutos de mi pueblo”, y la gente me miraba extrañada, y susurraban grandes expectativas para un niño que había llegado para quedarse. Oficialmente me “hice” del Barcelona, viviendo en el sur, a cientos de kilómetros. No importó. Estaba Leo, y eso me colmaba de orgullo, y me hacía sentir cerca de mis raíces, cada vez que se hablaba de él, de Rosario, de Argentina. Messi era un “producto argentino”. Ese muchacho se convirtió en gigante. Me volví más apasionada por su fútbol y por el club. Fui a peñas del Barcelona en Jerez de la Frontera, porque no importa donde vivas, siempre hay aficionados para poder compartir. Grité muchos goles, se me explotó el corazón cada clásico con el Madrid. Me emocionó verlo jugar en la selección. Sufrí las vejaciones y el desprecio que muchos argentinos le promulgaron aquí. Y yo no comprendía, y pensaba “pero es su patria, toma mate en España, habla en rosarino, cómo no vas a estar orgulloso de Messi”. Después comprendí que yo estaba más cerca de él, que tenía la posibilidad de verlo y que en Argentina sólo existía un Dios, y que Europa era un lugar lejano donde si eras famoso allá, aquí ya no contabas (y aunque muchos jugadores argentinos triunfaron en Europa, Messi parecía ser un estrellado en vez de una estrella, un pibe muy criticado por sus compatriotas. Messi era diferente hasta para eso). Pero yo lo seguí, y grité goles, y me emocioné en cada triunfo y sufrí en partidos cruciales. Y Messi, mientras seguía creciendo sin medida, siendo el mejor jugador de esta época del fútbol, él era “el pibe rosarino”, humilde y sencillo, de pocas palabras y una conducta intachable. Y así fue como mi amor al buen fútbol y a un grande del deporte atrapó mi corazón. Mi pasión ya no fue el Barcelona, ya era Leo Messi. Tener un ídolo no es elegirlo al azar. Es más que un recorte de alguna noticia, es más que verlo en televisión, o hablar de él. Tener un ídolo es sentir admiración profunda y un respeto por lo que sientes. Es disfrutar de su presencia. Es estar orgulloso de sus glorias. Es conocer su historia. Y es seguirlo dónde esté. Quien no tuvo un ídolo, que tire la primera piedra. Y si nunca tuvieron uno, tampoco sabrán de lo que hablo.

Alejandra Limonchi

Zavalla

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