Tengo sospechas de que a mi marido Roberto Luis Pieropan le practicaron en el Sanatorio Laprida una mala praxis que derivó en su fallecimiento, después de un accidente y de estar peleando por su vida 24 días. Demás está decir el dolor, la impotencia y el deseo de justicia, no sólo por mis tres hijas, sino para que nadie, incluso el que está leyendo esta nota, tenga que pasar por lo mismo. Tengo muchas versiones extraoficiales de casos similares de los cuales quiero reunir en una sola. Son muchos los interrogantes al respecto, tales como, ¿quién supervisa las clínicas? Quiero respuestas a la decadencia de nuestro sistema actual de salud, ¿no les parece? La salud, nada más ni nada menos. Nos entregamos a los médicos porque somos ignorantes en el tema y creemos en ellos. Pero muchas veces no nos dicen la verdad, porque ésta los compromete. Y mucho menos dicen que otro médico se equivocó. Por eso aprendí a hacer interconsultas que molestan por supuesto, porque son un soplido en la nuca de los ineptos. Gracias doctor Figueroa Casas (neumonólogo), doctor Fedele (hematólogo) y doctor Gali, por su humildad y conocimiento. Estoy convencida de que no necesitamos ser políticos para lograr grandes cambios, como ciudadanos tenemos el poder para hacerlo, de eso se trata. Quiero decirle a mi marido Roberto, para vos toda la lucha, como me enseñaste, ya que fuiste un luchador de la vida, el padre de mis tres hijas y el amor de mi vida.


























